La semana pasada desafortunadamente acertamos, en relación al comportamiento de la Junta Monetaria y la aprobación extraordinaria de 3.5 millardos en bonos de nueva deuda interna para financiar inversiones.
Y léase bien “para financiar inversiones”, pues un gazapo introducido en el diseño de los instrumentos, abre las operaciones tanto para saldar deudas pasadas, ya sea que hayan estado incluidas o no en presupuestos también pasados, y para financiar obras nuevas.
Lo cierto es que se trata a todas luces de una operación opaca, diseñada con todo el cinismo y seguramente, también diseñada desde el principio con la participación de diputados con las corbatas de los más diversos colores, entre las cuales es ya evidente que las corbatas moradas, naranja, la agrupación Gana, posiblemente los unionistas y los verdes, están en la jugada, y quién sabe si parte de los rojos: se trata de un órgano opaco en todos los colores.
Vale comentar que no hablamos tan sólo de la aprobación de Q3.5 millardos en bonos de la deuda interna, sino también de cerca de Q3 millardos en préstamos externos, principalmente del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial, cuyo destino es tan abierto, que incluso se utilizarán fondos para pagar la misma deuda externa. ¡Qué tal!
De acuerdo con nuestros cálculos, para la aprobación del endeudamiento tan sólo harían falta unos cinco diputados más, teniendo en cuenta que los bloques Patriota, Todos y PRI darían su anuencia ya tácita para tales operaciones, mientras que los otros frentes, que ni por asomo actúan en bloque, están esperando que “se les llame”, seguramente para el regateo de dobletes.
Y hablando del tercer año de gobierno, cabe hacer un recuento de la historia democrática guatemalteca, para alertarnos que suele ser un año de grandes sorpresas: a don Álvaro Arzú lo sorprendió la crisis asiática y el Huracán Mitch, a Óscar Berger las quiebras bancarias, mientras que Colom carecía de oxígeno financiero y fiscal para el cierre de su gobierno.
Como en una carrera de 400 metros planos, el cierre hacia la recta final, es crucial en las aspiraciones políticas, en virtud de que llegados a esa distancia se puede distinguir a los que el desgaste natural de la carrera no les da chance ni por asomo, y a los que coquetean con alcanzar primero la meta.
Los acuerdos congresiles son de lo más difícil de predestinar para un analista que busque los más cuerdos y estandarizados indicadores de la arena política: en la arena guatemalteca se vocifera del diente al labio, y las bancadas de oposición, llegan al extremo de lo fraudulento y lo falso: salirse del pleno, pero dejar una cantidad tal de partidarios, como para asegurarse la cifra mágica que se necesita en estos tiempos de búsqueda continua de urgencia y excepciones: el número 105.
La aprobación de los bonos extraordinarios en el Congreso de la República es sólo cuestión de tiempo, pero creería que está claro para sus impulsores que la fecha límite es alrededor del 15 de agosto, pues si se rebasan esos tiempos, la iniciativa de marras chocará con la discusión del nuevo presupuesto público para el año 2014, que es la expresión financiera de las futuras y claves realizaciones.