Marianne es una mujer especial: doncella pero madre; pacifista pero guerrera; longeva pero inmarcesible; tierna pero agresiva; sensual pero fría; hogareña pero política. En lo que no hay contraparte es cuanto a su belleza pues siempre luce como mujer hermosa al punto que la han representado con la cara de Brigitte Bardot, Catherine Denueve y recientemente Laetitia Casta.
En todo caso es una figura formal y protocolaria, omnipresente en cualquier rincón de Francia al punto que en todos los ayuntamientos del país -y en las escuelas- se encuentra un busto o foto de Marianne; ha figurado, asimismo, en casi todas las monedas, billetes y sellos franceses. Pero no es fácil encarnar a Marianne. ¿Cómo presentarla? Para definir su rostro se realizan regularmente encuestas a nivel nacional en que se define la “cara oficial” aunque cada alcalde decide cual colocar en su respectivo ayuntamiento; cada cierto tiempo aparecen nuevas modelos pero es usual que se utilicen Mariannes pasadas como las citadas Bardot o Denueve.
En algún sentido puede afirmarse que el cumpleaños de Marianne es el 14 de julio pues no puede concebirse la Revolución Francesa sin la imagen de Marianne. Siempre tocada con el gorro frigio (o espigas de trigo), vestido rasgado (a veces descubriendo un pecho) y enarbolando una pica o la bandera tricolor, encabezando y arengando al grupo de combatientes por la libertad.
Por decreto de la joven República, manejada por Robespierre, en plena época revolucionaria, se estableció que el sello del Estado representará a Francia (más bien a la República Francesa) como una mujer de pie con un gorro frigio. Los franceses, siempre sensuales, personifican la nueva república como una mujer, pero como una doncella joven y bella (muy en el estilo de la representación de la Justicia). Se crea la figura representativa pero no se hace referencia a nombre alguno. Una de las posibilidades es que Marie Anne era un nombre muy popular entre el pueblo en el siglo XVIII y de allí su adopción al estilo de la Adelita de la Revolución Mexicana. Otros, hilando más fino, opinan que el apelativo deriva del gran pensador español Juan de Mariana quien, dos siglos antes, formuló las ideas modernas de la libertad. Claro, esas ideas se fueron modificando y distorsionando, adaptándose a necesidades políticas muy particulares. En todo caso los conservadores franceses, por sarcasmo, llamaban “marianos” a los que proclamaban esas ideas de libertad; de allí la derivación a Marianne. El “Tío Sam” de los estadounidenses viene a ser una versión, algo caricaturizada, de la misma concepción.
En los labios de Marianne se repite constantemente la proclama: libertad, igual y fraternidad. Conceptos válidos para gritar en medio de una manifestación, pero que en un contexto más técnico merecen del lector un mayor análisis. Son conceptos muy profundos por los que no se puede poner el pecho sin saber exactamente qué significan. Si la libertad es total van a surgir las desigualdades. Si se va a imponer una igualdad necesariamente se sacrifica la libertad. Por otra parte la fraternidad es un impulso o virtud individual que nace de lo interno de cada individuo, no puede imponerse como imperativo social.
En todo caso Marianne y su gorro frigio están presentes en todas las realidades modernas incluyendo nuestra Guatemala. A los pocos años de que surgió Marianne empezaron los procesos de independencia en América Latina; su presencia y su mensaje son constantes y siempre frescos y llenos de vida, como la misma Marianne.