“Había logrado aguantar los tres días que llevaba por la ciudad estrellándose contra las apariencias porque había podido crear una historia a partir de las señales. No tenía la menor duda de que el mundo y la gente a su alrededor también podían mantenerse en pie sólo gracias a sus historias.”
A diferencia de las pocas pistas que el autor de las novelas policiacas que leía Rüya ofrecía a los protagonistas, haciéndolos vivir “en un mundo cómodo y tranquilo”, Galip, en su busca de Rüya, encuentra que todo puede ser, y es, una pista, o una multitud de indicios manifiestos pero con significados indescifrables: rostros y rastros de transeúntes, anuncios comerciales, cachivaches de baratillo callejero. Son Las señales de la ciudad.
Pero no, no es bisutería esotérica, ni crucigrama cabalístico, ni anagrama tatuado en los arrecifes de Proteo urbano. Dilucidar ciertos misterios es descubrir un rostro de maniquí tras la máscara, una casa vacía tras la puerta cerrada, un niño dormido tras la cortina de espesas sombras.
Qué gran misterio, ignorar que se vive en la búsqueda de algo menos desconocido que el motivo de la busca… Y tener un secreto, o ser parte de él, sin saber que se tiene ni nunca conocer su significado.
Hay menos misterio en las cosas que en la voluntad de que las cosas sean misteriosas. Todas las cosas son piezas de un misterio, las que encajan perfectamente en un texto cuyo significado, a su vez, es múltiple, cambiante.
“…Escribiría e imaginaría tanto (Celal), que, aunque no saliera nunca de su casa, al final de su vida la recordaría como un largo viaje.” Los artículos de Celal como constructores del misterio y, a la vez, las muchas llaves para abrir el misterio, que puede cambiar en cada nueva lectura.
Cómo Galip llega, ante los objetos “misteriosos” que le rodean siempre, a una delirante orgía de significados al querer, necesitar, que estos le descubran lo que no sabe qué busca…
El significado del misterio debe revelarle qué es lo que busca. (Rüya, ¿un buen pretexto, inconsciente, para lograr ser otro?)
No solo se quiere ser otro; también se desea que los demás sean otros, no como son, de diferente manera… Los desaparecidos, los que tienen nombre falso, los inquilinos que se esfuman, los con identidad fingida… El mismo juego plural de no ser quien se es…
“Un día, cuando seas viejo, cuando te preguntes si una persona puede ser ella misma, también te preguntarás si has entendido o no este misterio. ¡No lo olvides!”