Los sentimientos de Roberto González Goyri (1924-2007)


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Roberto González Goyri ha permanecido en el tiempo con sobresalientes pinturas, esculturas y relieves murales que se pueden observar en la cotidianidad de los días en importantes establecimientos, calles y avenidas de la Ciudad de Guatemala. Su expresión artística tan finita como infinita manifiesta su intenso sentir emocional y su vasta producción lo identifica como un artista sumamente susceptible a la realidad y vivencias de su época y de siempre.

GRECIA AGUILERA


De manera que los cambios anímicos del ser humano, las aves, las tradiciones guatemaltecas y exaltación a la figura femenina predominan en sus obras de arte, que poseen gran espontaneidad y están dotadas de espíritu y conciencia, tomando como centro la existencia de un mundo perceptible, móvil e inmóvil, semejante y dispar, único y múltiple. En sus pinturas la presencia de abundantes matices de colores, a veces sombríos pero también intensos, combinados en armonía perfecta, hacen que sus conceptos adquieran formas integradas a una panorámica constante que hace que los contornos, siluetas y figuras se difuminen y aparezcan con perspicacia a la vista del espectador. Así, en el hermoso libro de consulta titulado “Roberto González Goyri” de Editorial Antigua, que se encuentra disponible en las prestigiosas librerías ‘Sophos’ y ‘Artemis Edinter’, se puede apreciar y conocer con amplitud parte de su legado artístico. Más de la mitad del explicativo volumen está profusamente ilustrado con fotografías y bellas láminas de la obra del artista. Observo con inquietud la imagen de la escultura trabajada en bronce “Cabeza de lobo” (1950). Con sus fauces abiertas demuestra su ferocidad y gallardía, aullando hacia el firmamento mientras enfoca su ojo oblicuo en el punto luminoso de la luna. En “Agresión” (1962), escultura de ‘estaño directo’, se advierte en sus punzantes formas el estado alterado del ánima humana, convertida en dos irascibles aves. En la página 16 del ejemplar me sorprende la escultura en bronce de un pequeño e inocente “Tecolote” (1966), en la que para mí sobresalen las ideas del sabio Euclides por la estilizada geometría y estético aspecto de un avizorador búho. Dentro de las esculturas en bronce dedicadas a la mujer, atrae mi atención la titulada “Madre y niño felices” (1974). La sensación de movimiento es continua para el observador, pareciera dar giros y volutas en inagotables círculos. Contraria es la quietud de la escultura “Madre y niño” (1970). Ella sostiene con sus brazos y sobre sus hombros a su pequeño hijo, en señal de alabanza y gratitud con Dios. Estremece mi alma el dibujo hecho a tinta y crayón, nominado “Dolor” (1971). Rostro y figura del humano en tormento imploran redención y suplican el alivio de su tortura y sufrimiento ante sus dolencias existenciales. Más adelante descubro la rutilante pintura “El astro rey” (2002) donde veo el vigor y la fuerza del Sol en un danzar de vivos colores, que hacen de este cuadro una ventana fogosa y ardiente, lumínica y resplandeciente. A esta magnífica pintura he dedicado mi poema “Helios” que manifiesta: “Hiperión/ hijo del Cielo y de la Tierra/ creador supremo/ del astro dominante/ cuerpo celeste/ soberano y preponderante./ Fusión de núcleos atómicos/ centro del Sistema Solar/ dorado carro de fuego/ refulgente globo/ esfera de luz/ emperador divino/ radiante y suntuoso/ ardiente y deslumbrador./ Altivos imperios/ se han postrado en la tierra/ adorando al dios de las llamas/ tea inmaculada/ de caciques monarcas/ faraones y reyes./ Soplete cósmico/ de convergentes rayos/ de proféticos centauros/ bola ardiente/ violenta energía/ en la evolución terrestre.” Felicito a Carmencita de González Goyri y a su querida familia por la reciente creación de la “Asociación González Goyri para la Cultura” que inició sus actividades el 19 de junio de 2013.