La ofensa a Evo Morales de cuatro países europeos, condenada por la OEA pese a la postura de Estados Unidos y Canadá, es consecuencia de la llamada “doctrina del descubrimiento”. Es un acto de discriminación étnica, asentado en el profundo racismo de los ex imperios y de Estados Unidos, el actual imperio.
Aunque se han producido ofensas a otros mandatarios de América Latina, solamente con el único mandatario indígena se ha puesto en riesgo su vida. En el extremo del racismo, la vida de los indígenas y de los afrodescendientes no cuenta. Es la misma doctrina que fue apañada en 1500, fue fortalecida con la hipótesis de la superioridad blanca y ha sido utilizada para crear imperios y deshumanizar al planeta.
En el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas se discutió recientemente la “doctrina del descubrimiento”, llegándose a la conclusión de que debe ser universalmente condenada y, más importante, desterrada. Según ella, los conquistadores y colonizadores “descubrieron América”, que se encontraba supuestamente falta de desarrollo, religión y avances culturales, y nos trajeron modernización, el cristianismo, la economía de Europa occidental y la posibilidad de integrarnos, como vasallos, a los imperios en formación. Como pago por estos “bienes”, los invasores tuvieron y mantienen el derecho de quedarse con todo lo que “descubrieron”, incluidas las tierras, los tesoros, los recursos naturales y también las poblaciones y sus productos culturales, ya sea para aprovecharlos o para destruirlos. Para complementar su rapiña, cuando se decretó que en tanto cristianos los indígenas ya no podían ser esclavos, su condición inicial, los invasores se fueron a comprar personas negras en África para contar con la fuerza de trabajo esclava para multiplicar sus fortunas. Según la doctrina, que parte de la supuesta superioridad de los blancos, no existe razón alguna para compensar ni a los pueblos indígenas, cuyas poblaciones fueron diezmadas y condenadas a la miseria, ni a los pueblos africanos, que a lo largo de dos siglos perdieron sus generaciones productivas.
La segunda fase de la explotación dio inspiración a Kipling, quien produjo su poema “La carga del hombre blanco”. En esencia, antes que los nazis, se fundamenta esta visión en la consideración de que los blancos son una raza superior que tiene la obligación de llevar la civilización a las demás razas, que, sin discusión para ellos, son inferiores. No solamente los países europeos se repartieron el continente africano, colonizando la casi totalidad del territorio, sino que impusieron por la fuerza, junto con los Estados Unidos, tratados desiguales con naciones asiáticas y americanas. Basta conocer el tratado firmado entre Estados Unidos y Cuba, para permitir la independencia de ésta, para entender la “racionalidad” de los imperios.
Con la caída de los regímenes de Europa oriental y la disolución de la Unión Soviética, la voracidad de los imperios pretende recuperar el tiempo que perdió al enfrentarse al mundo socialista. Se preparan para una tercera fase de explotación, en la que empiezan a quitarse las caretas pseudo-democráticas –lo único que importa, como siempre, es la ganancia– y pisotean su propia legalidad y la legalidad internacional. Eso es el espionaje tanto sobre “enemigos” como amigos, incluidos sus propios ciudadanos; se da marcha atrás a la doctrina de derechos humanos, inventando que algunos humanos no tienen derechos, por lo que se les puede detener, desaparecer, torturar y ejecutar extrajudicialmente; han inventado cárceles clandestinas y “drones” asesinos; y se declaran y actúan como los policías del planeta. La ofensa a América Latina en Evo Morales es el mensaje de los ex imperios y el imperio de que para ellos “todo se vale”. La pregunta es: ¿Vamos a permitirlo?