Interpelaciones versus “invitaciones”


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Tremendo revuelo se armó esta semana por la declaración del presidente Otto Pérez quien visiblemente molesto dijo que había “ordenado” (saludo uno) a sus Ministros a NO asistir al Congreso de la República, sin aclarar convenientemente si se refería a “invitaciones” como dice textualmente el artículo 168 de la Carta Magna o, como nuestra ley superior establece en sus artículos 166 y 167, se refería también a “interpelaciones”. ¿Ir o no ir? He allí el dilema.

Héctor Luna Troccoli


Antes de dar mi opinión déjenme contarles que el proceso de “interpelación”, que dio lugar y abrió la puerta a la asistencia e incluso enjuiciamiento de altos funcionarios del Estado,  surgió en Inglaterra en el siglo XVI, cuando se estableció en la Cámara de los Comunes el procedimiento  del  “impeachment” (bochorno), en vista de anomalías en la administración del rey de aquella época. En la cámara de los comunes se planteaba la denuncia contra el funcionario y la denominada cámara de   los  Pares se seguía el juicio correspondiente si así era declarado.

  Los gringos, como es lógico, copiaron la figura del “impeachment” de su madre patria y efectivamente desde su fundación hasta la fecha se han producido 14 acciones de esta naturaleza que conoce la cámara de representantes (senadores). De esos “juicios”, cuatro iban dirigidos contra presidentes norteamericanos, dos contra Bill Clinton y uno contra Andrew  Johnson que fueron “absueltos” de los cargos y el otro, Richard Nixon, como algunos recordarán, renunció a la Presidencia antes de que se iniciaría el juicio político en su contra.

   En la mayoría de países con sistema parlamentario se sigue esta figura, en tanto en los presidencialistas como el nuestro, se da el juicio político, de la “interpelación”, que particularmente en la actual administración, en lugar de ser efectivamente un acto de seriedad absoluta, con certeza jurídica, con fines efectivos de fiscalización y de corta duración, ya que hay otros asuntos más importantes que SUPUESTAMENTE debería ser de la atención del Legislativo, siempre que no se trate de aprobación de mas endeudamiento.

   Fuera de eso, la bancada que abusa de este derecho constitucional, la llamada líder, convierte un evento político serio en una payasada y no cambia el sentido circense del propio Congreso  que  continua siendo la institución mas desprestigiada del país.

  Retomando el tema inicial de la polémica que la “orden” presidencial ha causado, conforme al texto constitucional en los artículos mencionados, sin ver leyes de INFERIOR JERARQUÍA que no pueden contradecir a la ley suprema, en cuanto a la interpelación el artículo 167 es claro al señalar: “cuando se plantee la interpelación de un ministro, éste no podrá ausentarse del país, ni excusarse de responder en forma alguna”. Lo cual quiere decir que el ministro no se puede “zafar de asistir”, ni fugándose al exterior, ni muriéndose en las vísperas ya que el mismo artículo 166 dice que “tienen la obligación de presentarse al Congreso”. Esto es en cuanto a la interpelación., pero el artículo 168 que es el meollo del asunto se refiere  que cuando los ministros sean “invitados” deben asistir obligatoriamente. La “obligatoriedad” se entiende cuando sean “invitados” por  el propio Congreso, los bloques legislativos de los partidos y las comisiones de trabajo PERO NO UN SOLO, O VARIOS DIPUTADOS,  COMO HA OCURRIDO FRECUENTEMENTE, CREYÉNDOSE LOS SUPERMANES DE LOS JUICIOS POLITICOS, además, en este mismo artículo (hecha la ley hecha la trampa),  se indica con claridad que  “PODRÁN (los ministros) HACERSE REPRESENTAR POR LOS VICEMINISTROS”.  Lo que diga la ley orgánica del Organismo Legislativo o cualquier otra norma ordinaria que contravengan las disposiciones constitucionales, son nulas ipso jure.

  De lo anterior se desprende que a las “invitaciones” (citaciones dicen los muy queridos diputados),  los ministros pueden hacerse representar por sus viceministros, pero no así a las interpelaciones, lo cual es congruente con una resolución del 2008, de la Corte de Constitucionalidad.

 Cuando el Presidente innecesariamente dijo militarmente que había “ordenado” a sus Ministros no asistir a esas “invitaciones”, destapó la caja de Pandora, también innecesariamente, fuera de que los diputados sacarán nuevas ideas para fregar y seguir sin trabajar.