El partido oficial y quienes hoy nos gobiernan en la cúpula: Otto Pérez y Roxana Baldetti, fueron muy claros y contundentes en la campaña electoral al decir que con “mano dura” se combatiría la violencia y la corrupción, como los dos grandes objetivos de su gobierno. Llegaron al poder y ninguna de las dos se ha cumplido.
En el caso de la violencia, se han hecho esfuerzos para combatirla, pero los dos grandes íconos de esa situación violenta: las maras y el narcotráfico han sobrepasado la capacidad del gobierno en particular y del Estado en general, por una parte, y por la otra, en el caso específico del narcotráfico, pareciera ser que existiera un acuerdo entre el poder paralelo que representa esta organización criminal y los mismos poderes del Estado, pues tanto el Ejecutivo, el Judicial y el Legislativo, más parecen acompañantes de los narcotraficantes que sus opositores.
Vamos para dos años de pasarnos en crear “ejes”, “hojas de ruta”, “programas”, “políticas” y un sinfín de palabrejas coyunturales que se quedan en eso, en palabrejas, sin que se noten ni a corto, ni a largo plazo, resultados positivos y basta ver o escuchar las noticias diarias para que a uno le den ganas de irse a… otra parte.
En cuanto a la corrupción, la responsabilidad de su combate la asumieron, al menos también como promesa electoral, el general Pérez y la señora Baldetti, pero aunque no se puede afirmar que ellos participen directamente en actos corruptos, al menos avalan, ahora sí, “hojas de ruta”, para que la misma se incremente a través de millonarias compras sin licitar, creación de fideicomisos, incluso superando al gobierno anterior que no se distinguió por su honestidad, otorgando subsidios que como el del transporte es algo que llora sangre.
Escribamos un poco sobre el particular. Este subsidio se creó en 1977 en tiempos del “honestísimo» expresidente Romeo Lucas, bajo la condición expresa de no subir el precio al transporte urbano que en ese tiempo era de diez centavos y de mejorar y mantener en el mejor estado a las unidades que prestan el servicio, e incluso, los mismos empresarios públicamente manifestaron que incluso los pilotos serían capacitados para la atención al usuario.
Pero vea usted, este pequeño grupo (algunos son propietarios hasta de 60 buses), ha recibido más de 2,500 millones de quetzales desde esa fecha y yo me pregunto: ¿han mejorado las unidades?, ¿ha mejorado el servicio?, ¿a dónde ha ido a parar ese dinero?, ¿es posible que en 35 años se hayan gastado semejante suma? ¿Dónde están las mejoras cualitativas y cuantitativas?… Y aun así se les sigue subsidiando, lo que implica indirectamente que los gobiernos lo que están subsidiando en los últimos años es parte del pago de extorsiones a que son sometidos por los grupos criminales que no puede detener el Ejecutivo, ni juzgar los tribunales, ni menos legislar para evitar hechos como estos que dejan a pilotos y pasajeros asesinados, fuera de que los pasajeros ya no saben si temer más a los mareros o a los “brochas” y pilotos que son amenazas vivientes para la seguridad del ciudadano.
Si usted hace cuentas verá que los transportistas reciben anualmente alrededor de SETENTA Y UN MILLONES QUINIENTOS MIL QUETZALES y el pasaje que antes costaba 10 centavos ahora vale cuando menos un quetzal si no es que a los pilotos se les ocurre cobrar dos quetzales como usualmente ocurre después de las cinco de la tarde, poniendo de cobradores a esos brochas que se dan el lujo de fumar la marihuana que nuestro presidente quiere legalizar, en la misma puerta del autobús, como lo revela una foto publicada en Prensa Libre, y como se siente por el olor que se aspira.
EN TODOS LOS ACTOS DE LA VIDA NO BASTA CON DECIR QUE SE ES HONRADO, HAY QUE DEMOSTRARLO CON NUESTRAS ACCIONES, digo.