Los diputados al Congreso y al Parlacen siguen disfrutando la vidorra


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Existen en nuestro país dos grandes racimos de hombres y mujeres prendados de las mamandurrias burocráticas, a los que ve de jerga el pueblo, protestando airadamente por sus actos que no rinden lo que se desea y se necesita para ir a la vanguardia, mas no a la retaguardia.

Marco Tulio Trejo Paiz


Nos estamos refiriendo, como se comprenderá, al Congreso de la República y al flamante Parlamento Centroamericano, creado éste, valga decir, para que a los gobernantes que se han sentado por las buenas (digamos que por las buenas, no por las malas) en los codiciados taburetes de lujo de casi toda el área, les sirva de trampolín para seguir prendidos en las ubres de las vacas lecheras…

No se sabe, a ciencia cierta, la cantidad de miembros que, a estas fechas, tiene el Parlacen, pero es un montón que percibe cada año centenares de millones de dólares norteamericanos y, conviviendo bajo el mismo techo con exmandamases de la “patria ístmica”, se encuentran políticos y politiquientos que han estado en la llanura ambicionando las butacas parlamentarias de la llenura…

El turbión de plata que consume el inflado aparato burocrático de los dos entes mencionados, detiene, lamentablemente, el progreso de los países de la zona cardíaca de nuestro convulso continente; sin embargo, eso les viene como del norte a quienes cabalgan sobre los potros en Centroamérica (léase en los despachos presidenciales) y, también, fuera del Istmo, por el interés de caer en picada en las jugosas chambas al zafar los pies de los estribos.

Es evidente que toda la gente que se halla en la llanura quisiera que hubiese buen funcionamiento del Congreso de nuestro patio y del Parlamento Centroamericano, cuyo nombre rimbombante hace que se le vea en lejanas latitudes con traje de etiqueta, trabajando “patrióticamente”, pero ignorando su modo cuasi ineficaz de transitar en los caminos de la superación en bien de las sociedades que representa, dizque representa…

Los hombres y las mujeres que, cuando se encuentran abajo, en la tundra, se refieren al Congreso de la República y al Parlamento Centroamericano vociferando contra ambas guaridas de la clase politiquera que todos conocemos; empero, ya cuando se han trepado a los guayabales, es otro el cantar y optan, incluso, por callar en relación con los 158 diputados al caserón de la 9ª. avenida, y en cuanto a los que bostezan en el Parlacen que hace como que hace tratando de resolver los múltiples negocios del área, pero que, en realidad, las cosas siguen virtualmente como siempre en toda la región.    

Pensamos que ya se ha hecho tarde para reducir el número de diputados al Congreso y, a la vez, para lograr que el Parlamento Centroamericano salga de su estado letárgico para realizar buen trabajo que pueda justificar los sueldazos que están llenando los bolsillos de tantos zánganos de la colmena.

Facta, non verba, es lo que interesa y demandan los ciudadanos anhelantes de avances positivos y efectivos para ir saliendo del atraso secular.

Es difícil desmochar la innecesaria cantidad de curuleros del Congreso, así como evitar que siga creciendo el ya abultado nido de exgobernantes de los países centroamericanos –Costa Rica, la Suiza de América– no entró en el aro, o sea en el tristemente célebre Parlacen que camina como el cangrejo sin que se vean realizaciones que valgan la pena; pues, por el contrario, es una carga muy pesada para la defraudada población regional.

Hay una burocracia excesiva en los dos parlamentos de referencia, los que se tragan muchas millonadas que ricos y pobres aportan a las arcas de cada país, y ese gran derroche no debe seguir de largo indefinidamente, sino dejarlo en justo nivel inteligente e impostergablemente. ¡Pero hay sordera, mudez y terquedad!