El Estado hecho… pedacitos


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El Estado de Guatemala no es, ni territorial, ni poblacionalmente muy grande y su estructura jurídica es débil.

Pero si a esto le agregamos que tenemos 21 etnias diferentes, más que la propia ley, así como lo oye nos define como un Estado hecho… pedacitos, fuera de que lo más importantes existen grupos, grupitos, grupúsculos, grupotes y cada chapín hacemos lo que nos da la gana sin respetar, ni tampoco importarnos que el ESTADO es uno solo que lo rige un SOLO orden jurídico,

Héctor Luna Troccoli


Allí tiene usted lo que somos, un montón de gente regada por todos lados haciendo lo que quiere y con la ineludible certeza de que aquí solo tenemos autoridades de nombre para robar y velar por sus propios intereses.

 Eso de país multilingüe, pluricultural, multiétnico y no sé cuántas cosas más son cosas del folklore tradicional. La autoridad es un elemento decorativo y los pueden sacar del pueblo al que lleguen y lo que es peor, los pueden matar alevosamente, con saña, en su propia casa. Nos mentamos la madre por cualquier cosa y lo hacemos sin siquiera decir barajo porque ya estamos acostumbrados a que nos hemos quedado sin una madre protectora como poéticamente le dicen algunos al Estado.

La verdadera fuerza del poder del Estado reside en el poder económico a quien las autoridades le rinden el saludo uno (solo el uno). Y hablo desde el supremo comandante hasta el oficial del juzgado que abre la gaveta o cuelga el saco para que le echen la limosna del día, al igual que a los jueces. Los alcaldes se adueñan de un territorio en donde se convierten en millonarios si es que no lo son y democráticamente como el de Chinautla, se mantiene 25 años en el poder, es decir, más que los 22 de Cabrera y los 14 de Ubico, gracias a nosotros el pueblo SOBERANO que lo reelegimos cuantas veces le da la gana.

Y vea a nuestros presidentes haciendo todavía más migajas de este pedazo de tierra al que incluso le han quitado Belice, Chiapas y Soconusco porque nosotros muy de al pelo, regalamos lo que consideramos que no es nuestro como una patria que se regala con la minería auspiciada por el Presidente y algunos otros porque fueron quienes le dieron parte de plata para su campaña, al igual que los banqueros, electricistas, telefonistas, azucareros, licoreros, caciferos de alto rango, que hicieron el cuchubal para “ayudarlo” al igual que a diputados, alcaldes y otros por el estilo a quienes siempre se les hará el saludo uno. Y para que vea el poco respeto que incluso nuestra SAGRADA LEY le tiene al concepto del Estado, le transcribo parte del artículo 15 que hace una clara separación entre Estado y otro montón de cuenteretes, cuando el Estado por su propia conformación es UNA SOLA PERSONA JURÍDICA QUE AGRUPA A TODAS LAS DEMÁS, INCLUYENDO A NOSOTROS LOS CIUDADANOS O NO QUE VIVIMOS EN ESTE TERRITORIO. Pues bien, para terminarla de joder ese artículo dice: “Son personas jurídicas: 1º. El Estado, las municipalidades, las Iglesias de todos los cultos, la Universidad de San Carlos y las demás instituciones de Derecho público creadas o reconocidas por la ley (por ejemplo los honorables partidos políticos); 2º. Las Fundaciones y demás entidades de interés público creadas o reconocidas por la ley; 3º. Las asociaciones sin finalidades lucrativas…”

Lo anterior nos dice que aparte de la República de Guatemala como persona jurídica, también lo es la asociación pro fomento de los relajos locales o internacionales; la asociación de basquetbol de Chinique, la iglesia del fin del mundo, las honestísimas municipalidades, etcétera, que se constituyen como personas jurídicas fuera del Estado, y en todo caso, iguales a él. Aquí pues existen miles de miniestados jurídicos en donde un alcalde dura 25 años haciendo negocio y otros cientos son dueños de su municipio porque jurídicamente están a tacos con el ESTADO, lo que nos lleva a la conclusión que si todas estas cosas son iguales al Estado, como rector del orden jurídico nacional, éste no debe existir y convertirnos en anarquistas, como decía mi recordado viejo, amigo de viejos periodistas Isaías Rebolledo.