Los indicadores macroeconómicos de Guatemala podrían ser la envidia de países latinoamericanos o europeos, pero para la mayoría de guatemaltecos son datos sin relevancia y muchas veces ignorados.
mrodriguez@lahora.com.gt
En el caso de la economía, las previsiones son alentadoras, aunque la redistribución de la riqueza es un problema aún sin solución; la deuda pública se ubica dentro de parámetros saludables, pero los compromisos adquiridos por el Tesoro no se traducen en un gasto social transparente y la inflación es tolerable, pero vivir es cada día más difícil con un salario mínimo.
POR MANUEL RODRÍGUEZ
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El Banco Mundial proyecta que la economía de Guatemala tendrá un crecimiento de 3.5 por ciento en 2013, una previsión mejor de la estimada a inicios de año y por eso la cifra preliminar ya genera entusiasmo entre empresarios y economistas, pues significa que la productividad tendrá un crecimiento positivo.
“Es una cifra que se mantiene en el promedio de crecimiento previsto para Latinoamérica y el Caribe, de 3.3 por ciento”, indica Óscar Avalle, representante del Banco Mundial en Guatemala, una organización multilateral que se mantiene al tanto de los indicadores macroeconómicos y sociales.
Sin embargo, no todos comparten el mismo ánimo en torno a esa información y se puede afirmar que la cifra no significa mucho para la mayoría de guatemaltecos, pues entre las mayorías el crecimiento económico no significa una mejora en sus condiciones de vida.
Eligia Ramírez, trabajadora doméstica, dice que en el país “unos pocos siempre ganan”, pero la mayoría de familias no se beneficia de la riqueza generada de las actividades productivas. “Mientras, nosotros solo tenemos nuestro trabajo, que está mal pagado y que no tiene IGSS”, señala.
“El problema es que la situación siempre es dura para los pobres, que tenemos que ver cómo salimos adelante cada día; seguramente que hay algunos a los que sí les va bien, pero son menos”, opina.
Y eso se explica porque “Guatemala tiene grandes desafíos de desarrollo”, explica Avalle. “Por ejemplo, la mitad de los niños menores de 5 años sufre desnutrición crónica y en 44 por ciento de los municipios rurales, tres de cada cuatro guatemaltecos viven en pobreza. Son temas que el Gobierno está atendiendo y para los cuales se requieren recursos financieros, sin embargo, Guatemala tiene uno de los ingresos tributarios más bajos de la región”, indica.
Esto, entendiendo el sistema tributario como el principal mecanismo para la distribución de la riqueza, que en Guatemala no parece funcionar adecuadamente.
Para Avalle, los impuestos representan alrededor del 11 por ciento del Producto Interno Bruto en Guatemala, y están muy por debajo del promedio de 19.2 por ciento en Latinoamérica. “De esa cuenta, el Estado de Guatemala ha tenido una capacidad limitada para fomentar el desarrollo y las políticas sociales”, menciona. A lo anterior hay que sumar el tema de la corrupción y la falta de transparencia con que se maneja la cosa pública.
Y lo mismo sucede con indicadores de deuda, que se encuentra en niveles “saludables” o la inflación, que parece “tolerable”, pero de ninguna manera esas cifras implican una mejor condición de vida para la población.
CRECIMIENTO SIN DISTRIBUCIÓN
Carlos Martínez, analista del área socioeconómica del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Ipnusac), señala que el crecimiento de Guatemala está calculado en función del Producto Interno Bruto y no refleja lo que sucede en la economía.
Además, explica que se trata de un indicador propiamente cuantitativo, que no refleja interioridades de la economía, porque la medición tradicional no proyecta cuánto cuesta la producción nacional en términos de recursos del país.
“Tampoco refleja las debilidades del sistema económico; por ejemplo, el 74.5 por ciento de la población se presume que se aplica en la informalidad de la economía y estos datos no los refleja el PIB”, señala.
Martínez afirma que en los últimos años el crecimiento económico ha sido bastante bajo, porque no supera, en mucho, la tasa de crecimiento de la población, que ronda el 2.4%. “Entonces, si la economía crece un 3.5% en el años, estamos hablando de un crecimiento neto de un punto porcentual”.
Para el analista, en economías como la guatemalteca, un crecimiento se considera saludable cuando se garantizan las inversiones, las tasas de ahorro más sólidas o se distribuye el nivel de empleo. “Pero un crecimiento neto como el que menciono, realmente no tiene estas capacidades. Es más, la inversión tanto pública como privada hace más de 15 años que ha venido decayendo”, explica.
Martínez continúa: “No es que el crecimiento de Guatemala sea envidiable; es un crecimiento modesto y moderado, como parte del PIB. Esto no refleja los grandes problemas de distribución interna que hay en la economía. Y esto se puede observar a través de los salarios. En la última encuesta de ingresos y empleo del Instituto Nacional de Estadística, se encuentra que el 32 por ciento de la población obtiene salarios de Q700 mensuales en promedio. Esto refleja inequidad social y económica”.
DEUDA E INFLACIÓN
Para los expertos en materia económica, la capacidad de endeudamiento del Gobierno no tiene una relación directa con el Producto Interno Bruto; sino con la capacidad para pagar anualmente los compromisos adquiridos por el Estado, y en este caso las posibilidades se estiman en base a los impuestos de los contribuyentes.
El endeudamiento reportado por el Banco de Guatemala a mayo último es de Q49,481.2 millones en deuda interna y US $6,937.8 millones en deuda externa, y para este año aún se tiene previsto aprobar tres créditos externos.
Si el Gobierno utiliza los impuestos para pagar la deuda existente, habría que preguntarse entonces ¿Con cuánto se contará para gastar en el futuro? O dicho de otra forma, si el Gobierno quiere seguir manteniendo el nivel de gasto actual, ¿De qué forma pagará esa deuda?
Hasta el momento, las autoridades pronuncian que los niveles macroeconómicos del Gobierno son sanos. Por ejemplo, se dice que Guatemala no tiene problemas si el nivel de endeudamiento está por debajo del 40% del PIB, pero los analistas consideran que estos datos están equivocados, porque si se llega al 35 o 30% en el nivel de gasto con relación al PIB y ya no se cuenta con capacidad de pago –con déficit presupuestarios–, no se tiene posibilidad de endeudarse más.
Carlos Martínez reafirma lo expuesto, pues indica que la deuda pública es financiada en contratar gastos de funcionamiento del Estado, y no para inversión pública. Además, considera importante conocer el destino que se le da a esta deuda pública. “En Guatemala, el destino que tiene la deuda pública es el presupuesto ordinario del Estado. Entonces, estos son puntos cuestionables de la deuda”.
Y si se trata del gasto público, no existen garantías para que los recursos se utilicen con transparencia; en el Congreso permanecen engavetadas las leyes de transparencia que crearán herramientas para combatir la corrupción. Sin embargo, la aprobación de las iniciativas parece muy lejana.
El investigador dice que el consumo o gasto público del Estado representa actualmente alrededor del 10% del PIB, de modo que debería jugar el papel de estímulo a la economía. Pero lamenta que gran parte del gasto público se consuma en obras de mala calidad o en actos de corrupción, que ayudan poco a estimular la economía, pues expone que esa manera de ejecutar el gasto publico afecta al desenvolvimiento económico.
“Recordemos que el gasto público es la parte que el Estado toma de la economía para redistribuir; en este caso debería cumplir su papel de distribuidor y de estimular la actividad productiva para una mayor demanda. Caso contrario, es un gasto público con muchas atrofias y desviaciones que ayudan muy poco al correcto desenvolvimiento de la economía”, asevera el analista.
Es de este modo que se cree que el endeudamiento del Gobierno actual solo será rentable, si es reproducible en las capacidades de producción, para que la población ya no tenga necesidades por cubrir a mediano plazo; o que en el futuro la capacidad de pago de impuestos por parte de la población sea mayor.
Estela de Flores, vendedora en el Mercado Central, dice que si bien “el Gobierno se endeuda, no es el Presidente quien paga de su bolsa el dinero, sino que son los guatemaltecos”. Aunque la comerciante no comprende bien el impacto de la deuda sobre las finanzas estatales, asegura que no hay una mejoría en los servicios públicos, aunque las autoridades comprometan “millones de quetzales en obras”.
“El dinero va y viene, pero los hospitales están muy mal y las escuelas están igual; algunas no tienen ni maestros o escritorios. Entonces nosotros no sabemos a dónde se va el dinero que manejan en el Gobierno”, puntualiza.
A De Flores también se le cuestionó sobre los indicadores de inflación, que según analistas se encuentra en niveles tolerables, pero no todos comparten la misma percepción.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Guatemala cerró en 0.27 puntos porcentuales en mayo pasado y acumuló una inflación de 2.24 % en los primeros cinco meses de 2013. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el IPC de mayo fue superior en 0.10 puntos al registrado en abril último.
La inflación interanual (mayo 2012-mayo 2013) su ubicó en 4.27 por ciento, superior al 3.90 % del periodo anterior. Entre los principales gastos básicos que incidieron en el aumento de la inflación se encuentra el incremento del precio en los huevos, carne de pollo y güisquil (verdura), que sumaron 0.19 puntos del total de las alzas, de acuerdo con la institución.
“Quien diga que no hay problema con los precios es porque tiene un buen trabajo y no tiene una gran familia que alimentar”, señala De Flores. “Cada vez tenemos menos comida en las mesas y yo no creo que sea tolerable”, puntualiza.
PROPUESTAS
Para que el país tenga un mejor horizonte en este tema, es necesario un Plan de Desarrollo de Mediano y Largo Plazo de Nación, que las autoridades se comprometerían a respetar por los próximos 20 o 25 años, y se ejecute de esa forma, pero con transparencia y probidad.
Al respecto, Óscar Avalle, sugiere que Guatemala necesita urgentemente acelerar sus tasas de crecimiento y que para esto se requieren esfuerzos en varias direcciones, principalmente en mejorar el clima de inversión, pero es fundamental invertir en el capital humano en el país. “Sin embargo, es clave asegurarse que el crecimiento sea sostenible e incluyente, para generar suficientes empleos de buena calidad, proveer más oportunidades para todos y reducir las desigualdades”.
Agrega: “El Banco Mundial ha lanzado recientemente el reto de eliminar la pobreza extrema para el 2030 y fomentar la prosperidad compartida, es decir que aumenten los ingresos del 40 por ciento más pobre de la población. Son dos metas que se pueden lograr, pero hace falta tener inversión en desarrollo y esfuerzos sostenidos para alcanzarlas”.
Es importante destacar también que se hace necesario el fortalecimiento de las instituciones. Una de las instituciones clave en este tema es Segeplan; institución que en teoría es la que planifica la ejecución del gasto, aunque actualmente el modelo de ejecución presenta fallas en su estructura, y es por eso que la planificación de ésta se considera en términos aceptables, aunque no llegue a beneficiar a los grupos más vulnerables de la población.
CIFRAS DE GUATEMALA
MACRO
3.5%
Previsión de crecimiento de Guatemala para 2013
3.3%
Previsión de crecimiento de América Latina para 2013
Q49,481.2 millones
deuda interna a mayo último
US$6,937.8 millones
deuda externa a mayo último
DESARROLLO
50%
de los niños menores de 5 años sufren desnutrición crónica
75%
de guatemaltecos viven en pobreza en 44% de los municipios rurales
32%
de la población obtiene salarios de Q700 mensuales en promedio.
Óscar Avalle
Banco Mundial en Guatemala