Leo con preocupación que la Presidente en funciones Roxana Baldetti anunció que ahora el gobierno brindará educación sexual a la población con el objetivo de evitar embarazos en las niñas. Aunque aún no se conoce exactamente cuál será la mecánica para hacer llegar a la joven población este tipo de enseñanza, sospecho que se terminará introduciendo en el sistema escolar público.
La nueva actitud del gobierno de Guatemala parece arrogante porque descarta de entrada la calidad y autoridad moral que los padres podrían tener para llevar a cabo la tarea de educar a sus hijos en este sentido. Lo que la nueva política pareciera indicar es que “usted mamá y usted papá” no saben nada al respecto y por lo tanto yo gobierno tendré que cumplir la tarea que usted irresponsablemente no cumple o cumple deficientemente.
Preocupa, además, que los mismos señores que ahora mismo son los encargados de enseñar matemáticas y física sean los mismos que se encarguen de la educación sexual de la población infantil y juvenil de nuestro país. ¿Por qué habrían de enseñar “buena” educación sexual si ahora mismo enseñan bastante mal las matemáticas y la física? Cómo es posible que dejemos que el mismo sistema fracasado actual para las ciencias y las humanidades se encargue también de esta parte de la educación de nuestros hijos.
Saltan en mi mente miles de interrogantes sin respuestas al respecto ¿Cómo podemos calificar la educación sexual de buena o mala? ¿Existirán parámetros? ¿Será mejor recibir mala educación sexual, que no recibirla del todo? Aunque he repetido en varias ocasiones que no estoy de acuerdo con la educación pública por principio, comprendo que la realidad es que alguna estructura debe de existir para llenar la necesidad de algunos cuantos niños, sin padres ni tutores que se puedan encargar de ellos o que les puedan pagar directamente los servicios educativos básicos. Demostrado está, que mal nos ha ido con este desgraciado sistema actual que no se enfoca en el estudiante sino en la política doctrinal de las ideas acarreadas por los gobernantes de turno o los grupos de poder activos en el círculo educativo. Por ejemplo, pesa muchísimo hoy en día las opiniones y presiones del sindicato magisterial en el pensum de estudios, la presión moral de la sociedad, organizada o no, también es un factor importante y ni hablar de los organismos internacionales que también construyen y empujan agendas en este sentido. Además de esto nunca falta la manada de buitres o clientes que están esperando hacer su agosto con la aplicación de políticas públicas de este tipo como los distribuidores de medicamentos y preservativos o los productores de libros de texto o material educativo.
Asustan siempre los datos de natalidad que de nuestros pueblos se presentan sin que nos demos cuenta que estos índices solo son un resultado más de nuestro estado permanente de pobreza y subdesarrollo. Solo en la medida que logremos bajar los índices de pobreza, bajarán las altas cifras de natalidad y las aterradores números de la paternidad irresponsable. El problema central está en que en lugar de cargar la responsabilidad al responsable diseñamos e implementamos políticas que incentivan al imprudente.
La actitud correcta debiera de ir encaminada a tomar la responsabilidad de educar por nuestras manos de tal manera que enseñemos a nuestros hijos lo que a nuestro parecer es lo correcto e importante e impedir que los políticos tomen por asalto la formación moral de nuestras familias.
Yo no quiero que doña Roxana eduque sexualmente a mis hijos ¿Y usted?