En el mes que se celebra el Día del Maestro, 25 de junio, quiero dedicarle estas cuartillas a mi maestro en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de San Carlos: el Doctor Mario Aguirre Godoy, oriundo de la fresca tierra de Jalapa. El doctor Aguirre Godoy ha recibido justos y merecidos homenajes en los últimos días, y con esta prosa me uno a esos reconocimientos.
Alumno distinguido a su paso por la Facultad, hizo estudios superiores en los Estados Unidos de América y se doctoró en Derecho en la Universidad de Madrid, con una investigación acuciosa sobre la declaración unilateral de la voluntad como fuente de obligaciones. Además, es autor de un tratado de Derecho Procesal Civil, en dos volúmenes, y dos aleccionadoras recopilaciones de jurisprudencia en materia de casación civil, sin olvidar un ensayo profundo sobre la teoría de la Casación civil que sigue la huella del insigne procesalista italiano, Pierro Calamandrei. A toda esa obra se suman sus ensayos, sus conferencias y el liderazgo desempeñado en el mundo jurídico internacional. Cuando desempeñe la Presidencia del Colegio de Abogados, en la Junta Directiva le encomendamos la formulación de la ley del trámite notarial de la jurisdicción voluntaria, que después se aprobó con motivo de un Congreso Internacional del Notariado Latino, con escasa información al público sobre los orígenes de esa novedosa ley. Cuando llegué al quinto año de la carrera, tuve el honor de que fuera mi maestro de Derecho Procesal Civil Práctico y gracias a su calidad de maestro, logramos aprender a solventar las dificultades minuciosas de la casación civil. En ese tema ya llevábamos una adecuada preparación teórica, porque la teoría del proceso civil la habíamos aprendido en los Fundamentos del Proceso Civil del no menos insigne jurista uruguayo, Eduardo Couture, con el magisterio del licenciado Reyes Cardona. Y el maestro Aguirre Godoy le ha cumplido a Guatemala: autor del Código Procesal Civil y Mercantil, que está vigente, y elaboró un anteproyecto de nuevo código para implantar la oralidad en el Ramo Civil, que no me explicó por qué no se le dio la importancia que merecía, sobre todo por ser obra de un científico guatemalteco. Pero así somos: malinchistas de hueso colorado. Además, ese cumplimiento ciudadano lo ha llevado a dirigir el Organismo Judicial como Presidente, al Colegio de Abogados y Notarios como Presidente y al Instituto Guatemalteco de Derecho Notarial. Por último, su gran dimensión humana: la fidelidad a su hogar, a sus hijos, a sus amigos y a sus alumnos. Me siento orgulloso de ser su alumno y de haber compartido tareas académicas en la vida profesional y universitaria. Una vez dije que me sentía orgulloso de haber tenido maestros como Julio César Méndez, Rafael Zea Ruano, Salvador Aguado, Joaquín Pardo y el inolvidable Flavio Herrera. Ahora sumo a ese elenco académico al doctor Mario Aguirre Godoy. ¡Salud, doctor! En el Día del Maestro.