La silenciosa lucha de los migrantes


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La reforma migratoria camina, no sin trompicones, en las cámaras del Senado y el Congreso de Estados Unidos. No cabe duda que esta es una de las reformas legales de mayor trascendencia en la vida social y laboral de la sociedad estadounidense, principalmente cuando una enorme cantidad de latinos serán los beneficiarios directos de este cuerpo legal que permitirá asegurar su permanencia de una forma más tranquila y legal en el territorio gringo.

Juan José Narciso Chúa


Una reforma migratoria como la presente, constituye la concreción de una de las propuestas de campaña que el actual gobernante estadounidense Barack Obama hizo y que se encuentra a punto de cumplir. Los migrantes latinoamericanos y de otras latitudes saben que esta ley representa un paso monumental en su vida laboral y social, en una sociedad y una economía, en donde su aporte ha sido fundamental, su esfuerzo ha sido permanente y su deseo de fincar su vida y terminar su vida en ese país junto con sus familias se orienta en convertir un sueño en realidad.

Los migrantes latinos, en general, y los guatemaltecos en particular, se encuentran a punto de concluir un esfuerzo que vinieron construyendo durante años, a costa de una movilización costosa por montañas y desiertos, en donde muchos perdieron su vida, en esa lucha por evitar ser detenido por la migra, en aquel trabajo tesonero día a día, hora a hora, tejiendo una nueva vida sobre un piso frágil, atando cabos con pedazos de vida, sosteniéndose de un sueño y transmitiéndolo a sus hijos, desarrollando quimeras de una vida decorosa, apilando pedazos de vida, con retazos de sudor, con piezas de trabajo, entretejiendo vida y sueños, en una lucha permanente por sobrevivir, crecer en familia y hacer volar a sus hijos.

Toda esta construcción minuciosa, silenciosa y dura, se plantaba en aquel temor permanente por un retorno forzado, sabiendo que la esperanza en el país resultaría en un choque que haría añicos, lo que se había conseguido, incluso podría significar el rompimiento familiar y la pérdida de activos que se fueron sumando poco a poco, paso a paso, centavo a centavo.

La comunidad de migrantes guatemaltecos seguramente observa con muchas ansias el desenvolvimiento de esta reforma migratoria y con esperanza espera que la misma se concretice para su bienestar, la felicidad de su familia y un mejor futuro. Y así será, se concretizará.

Cuando llegaron solo llevaban sus manos, su mente y su esfuerzo en el trabajo, esos factores se conjugaron para llevarlos a crecer, a aprender, a disfrutar, a comprender una sociedad del primer mundo, que se siente más equitativa, con mucho trabajo sí, pero con una retribución que va más allá del salario, su bienestar, su vida decorosa y un gran futuro para su descendencia.

Hoy cuando hacen una retrospectiva de su vida seguramente podrán sentirse satisfechos de que sus manos ya no están tan vacías, pero reconocen que buena parte de su vida se quedó en ese suelo americano que les prodigó trabajo, les recompensó con ingresos y les permitió crecer fuera de un país que les negó lo que allá encontraron: oportunidades. Qué bien por ellos. Enhorabuena.