De alguna manera el término “Mariscal Zavala” forma parte del léxico común del capitalino en referencia al hermoso predio castrense ubicado en el sector noreste del valle de la ciudad. Pero poco se sabe del personaje en cuyo honor se bautizó la Brigada.
José Víctor Zavala tenía una personalidad relevante; era un líder y héroe de guerra y estuvo muy cerca de ser presidente de Guatemala, pero algunos factores no le permitieron la alta investidura.
En primer lugar Zavala era más un rígido militar que un maleable político y de esa cuenta no tenía los quiebres y manejos que son propios de los políticos. Era, asimismo, un hombre con marcada lealtad hacia lo institucional más allá de las variables ideológicas, tan significativas en su época, entre conservadores y liberales. También era muy impetuoso y hasta excéntrico; muy dicharachero, vocinglero, amigo de fiestas.
Finalmente Zavala no llegó a presidente porque las elecciones en que participó fueron manipuladas. La presidencia “perpetua” del dictador Rafael Carrera concluyó con su muerte el 14 de abril de 1865; provisionalmente ejerció la Presidencia quien fuera ministro de Relaciones Exteriores, Pedro de Aycinena (el mismo que suscribió el tratado de Belice en 1854) y un mes después la asamblea designó al ipalteco Vicente Cerna para concluir el período (parecido al traspaso de Ubico a Ponce Vaides en 1944). Las elecciones fueron en enero de 1869. Los conservadores postularon al mismo Cerna y los liberales le enfrentaron a Zavala. Cerna no era popular, muy reservado y poco simpático, además, representaba la continuidad del odioso régimen conservador de Carrera; en cambio Zavala era, con palabras de hoy, muy carismático. Bajo fuertes denuncias de fraude ganó Cerna. Mucha gente pidió a Zavala que encabezara un movimiento de rechazo a las elecciones (como sucedió en 1974 con Ríos Montt) pero no se hizo. Sin embargo, la chispa ya había prendido y la pólvora estaba regada, a las pocas semanas se alzaba nuevamente el infatigable Mariscal Serapio Cruz y poco tiempo después lo haría Justo R. Barrios quien tomó el poder en 1871.
De familia acomodada, José Víctor de jovencito hizo estudios en Estados Unidos. Era elegante y de buena presencia. Por insistencia paterna ingresó, al regresar, a la Facultad de Derecho y se recibió de abogado. Pero nunca ejerció. No estaba hecho para estar sentado en un escritorio ni tenía las paciencias y vericuetos del ejercicio legal. Las armas lo llamaban y no dudó en ingresar al Ejército cuando hubo convocatoria para dominar a un molesto guerrillero que estaba causando problemas en oriente; entonces gobernaba Mariano Gálvez y el revoltoso era un tal Rafael Carrera. Como integrante del Ejército nacional Zavala combatió pues a Carrera; cuando éste llegó a la Presidencia supo reconocer en aquél sus grandes dotes militares y le encargó varias campañas, entre ellas la famosa Batalla de La Arada en 1851 y la incursión en Omoa en 1853. Tres años después comandó el contingente de Guatemala en la guerra contra los filibusteros de William Walker. Destacó por su liderazgo y arrojo; se le consideró el más astuto de los caudillos de los contingentes centroamericanos. Como bien saben los militares, la culminación de una batalla es tomar al líder o su bandera; Zavala atravesó, bajo el estrépito de las balas, la histórica plaza de la ciudad de Granada para llegar al reducto de los filibusteros y arrancarles su bandera. Investido con el alto rango de Mariscal de Campo (que hoy no existe) estuvo en la guerra contra El Salvador en 1863 y sirvió durante el gobierno de la Revolución Liberal como Vice Ministro de Guerra; murió un año después de Barrios, en 1886.