A propósito del Día del Padre y las teorías de la nueva masculinidad


Jorge_MARIO_Andrino

El Día del Padre, es una celebración mundial que se realiza en el mes de junio de cada año, y en Guatemala no es la excepción, pero más allá de las circunstancias de comercialización que se presencian cada día, en donde se exaltan gastos, deudas y regalos materiales, se debe resaltar lo importante de la figura del padre como parte de la familia, y lo necesario que se convierte, conjuntamente con la madre, para inculcar a los hijos los valores de convivencia social.

Jorge Mario Andrino Grotewold


Al recordar la figura paterna, el imaginario y la costumbre en buena parte de las culturas alrededor del mundo hacen de ésta, como la obligada a trabajar y proveer para la familia, relegando a la mujer a una posición de espera o atención exclusiva para la casa y los hijos, promoviendo que existiera desigualdad en el trato de la familia y en la toma de decisiones del hogar, que debiera ser conjunta.  Sin embargo, desde las conquistas de los derechos de la mujer, hasta las precarias situaciones económicas de las familias, han permitido y obligado a las mujeres a alcanzar condiciones de trabajo y estudio similares al hombre, o por lo menos en un proceso claro de alcanzar equidad en las responsabilidades de trabajo.  Eso permitió descubrir una serie de aspectos que se resaltaban en las relaciones entre hombres y mujeres, y  es la gran capacidad de la mujer para alcanzar multitareas en su vida; desde el trabajo en casa, relacionado a la higiene y preparación de alimentos para la familia, pasando por la crianza propia y seguimiento de los hijos, hasta compartir la carga de trabajo con el padre de familia.

Y la explicación anterior, se fundamenta en un nivel mediano de hogares en donde las parejas se quedan unidas, ya sea de hecho o por matrimonio, y deciden formar una familia.  Pero no entra en la misma verificación, en los momentos en que madres crían solas a sus hijos, haciendo un esfuerzo sobrehumano que casi siempre es reconocido por sus propios hijos, y desde un contexto externo, por la propia sociedad.  Estas madres, divorciadas, separadas, desunidas, solteras o viudas, merecen todo crédito por su esfuerzo, pero no sustituyen la función del padre, aunque algunas de ellas hacen tan buen trabajo que pareciera no afectarles. 

Pero una vez superada la conceptualización de la igualdad entre hombre y mujer en derechos (políticos, laborales, económicos o morales, entre otros), es necesario también establecer la equidad en obligaciones para ambos padres, tanto en las responsabilidades ante los hijos, como en el hogar, lo que ha permitido el surgimiento del concepto de la nueva masculinidad, que involucra al padre de familia, en su función completa como padre.  La nueva masculinidad supone a un padre de familia con rol integral, que comparte las tareas de casa, trabajo e hijos, sin que por ello represente menos nivel de testosterona o bien renunciar a sus derechos propios como padre.  No simboliza debilidad, sino al contrario, un empoderamiento de las actividades de la familia, casa, trabajo e hijos.

El rol del padre hoy por hoy, como parte de las familias funcionales e integradas, es más que un simple compañero, es un aliado para conseguir todas las metas que en conjunto padres e hijos se trazan.  La nueva masculinidad define al hombre con equidad de derechos y responsabilidades con la mujer, con la madre, con la compañera. Es el concepto del padre moderno y del compañero respetuoso de su equidad e igualdad.