Copa demuestra que Brasil 2014 está a medio hacer


depo4y5_2a_1

Estadios sin terminar, tránsito saturado, cartelería inexistente, horarios insólitos y viajes eternos: si algo está demostrando en sus primeros pasos la Copa Confederaciones, es que el Mundial de fútbol de Brasil 2014 está aún a medio hacer.

depo4y5_2b_3depo4y5_2c

Por Sebastián Fest
Recife / Agencia dpa

Mientras en Río de Janeiro los problemas parecen ser menores, en otras ciudades, en especial en Recife, pasa de todo: desde un sillón de tres plazas obstruyendo una oscura carretera repleta de pozos en una noche de lluvia torrencial en Recife, hasta una selección como la de Uruguay que estuvo dos días sin entrenarse porque no disponía de un campo en condiciones.

Tan molesto está Oscar Tabárez con las trabas que encontró su selección, que está pensando en instalarse permanentemente en Salvador de Bahía, pese a que en su tercer partido del Grupo B debe volver a jugar en Recife.

El uruguayo enumeró todos los percances: «Se gastan casi tres horas de viaje entre ir y volver a entrenar, se pierde un día de entrenamiento por no tener cancha, y (se impone) un horario que, de cumplirse, nos haría cenar a las 11 de la noche, el día previo al encuentro».

Es por eso que Uruguay no reconoció en la noche del sábado el campo de juego del Arena Pernambuco. La televisión local marcó las diferencias entre los «charrúas» y España, rivales hoy en el debut.

«Para España está todo bien. Para Uruguay, todo mal. Es como si jugaran dos torneos diferentes».

Aunque es cierto que España no se encontró con las mismas dificultades que Uruguay, también debió encarar un largo viaje cada día para entrenarse, y las instalaciones de que dispuso no estaban al nivel que acostumbran los europeos.

«No necesito un hotel de lujo, lo cambio por un campito al lado del hotel para entrenar», dijo casi con candor el capitán uruguayo, Diego Lugano.

El «Diario de Pernambuco» criticó «los agujeros en la carretera durante los 70 kilómetros que Uruguay debió recorrer» ida y vuelta para intentar entrenarse, así como el «caos de tráfico» en Recife cuando la Policía abrió un corredor especial para que el viaje de España, en plena hora punta, fuera menos largo. El viernes, para 30 kilómetros, los españoles habían tardado una hora y media.

Conducir en sedes de la Copa Confederaciones como Recife o Brasilia se demostró complicado. Los navegadores con sistema GPS -imprescindibles en un país con señales casi inexistentes en muchas de sus oscuras y destruidas carreteras- enloquecen con frecuencia, más de una vez proponen girar en calles que no existen y terminan encerrando al atribulado conductor en un bucle sin fin.

En Brasilia hay carreteras con nombres como «Eixo Monumental», «Eixo L», W3, L4, y muchos navegadores las ignoran. Llegar al sitio previsto puede llevar mucho más tiempo que el que el navegador promete.

Y cuando se llega, los estadios ofrecen sorpresas desagradables. No sólo por baños a medio construir e indicaciones confusas como en Recife. También es peligroso caminar, tal como comprobó un periodista extranjero al clavarse en el pie uno de los muchos alambres sueltos en un Arena Pernambuco que refleja muy bien el estado de las cosas a un año del Mundial: mucho aún por hacer.

PROTESTAS
Tumultos toman calles

 Río de Janeiro
Agencia dpa

Las protestas que se produjeron hoy en las inmediaciones del estadio Maracaná en Río de Janeiro, horas antes de que Italia y México debutaran en la Copa Confederaciones, se trasladaron después a barrios cercanos donde volvieron a ser reprimidas por la Policía.

En un primer enfrentamiento, los activistas, que querían impedir a los aficionados llegar al estadio, fueron dispersados por agentes del Batallón de Choque de la Policía Militarizada, que disparó balas de goma y gas lacrimógeno.

El tumulto afectó a los hinchas, quienes pasaron momentos de tensión y temor, y algunos fueron incluso víctimas de los efectos de las bombas.

Más tarde ocurrieron otros dos enfrentamientos de similares caractarísticas. En el último de ellos, los manifestantes, huyendo de las balas y las bombas lacrimógenas, se refugiaron en la Quinta da Boa Vista, usada como parque por los cariocas, especialmente por familias con niños.

La irrupción de los manifestantes, perseguidos hasta la entrada del lugar a tiros de balas de goma y bombas por la Policía, provocó terror entre el público y, según testigos, «los niños entraron en pánico».

«Los policías no entraron aquí, pero tiraron bombas y el gas entró», dijo un testigo, quien integraba un grupo de cerca de 50 personas que festejaban un aniversario.

Encerrados junto a las familias dentro del parque, los manifestantes llegaron a un acuerdo con la policía, y se retiraron con las manos en alto y comentando con ironía a los agentes: «Gracias por dejarnos vivos».