Impuestos y amnistías


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Esta semana, el Presidente de la República presentó al Congreso una iniciativa de ley por medio de la cual se pretende la reducción en un 50% para este año del Impuesto de Circulación de Vehículos, y de un 10 y 5 por ciento, para otros impuestos.

Juan Antonio Mazariegos G.


Sin duda al respecto, la medida busca impulsar el ingreso de dinero al Gobierno para que llene las arcas vacías, víctima de sí mismo y de su mala planificación presupuestaria, predeterminada por un presupuesto ajeno a nuestra realidad y al margen de la situación financiera mundial que busca, en casi todas las latitudes, impulsar recortes presupuestarios.
 
Si bien la mayoría de los analistas están de acuerdo en cuanto al porqué existen discrepancias en cuanto a la efectividad  o no de las medidas propuestas y desde ya las mismas se vislumbran como insuficientes para cerrar el agujero fiscal y cortoplacistas en cuanto a que en un año, a más tardar, estaremos en medio de otra crisis similar.

Un ángulo que sin embargo no he leído o escuchado, es el efecto que tienen las amnistías fiscales en la población y entre quienes pagamos impuestos y formamos parte de la masa de contribuyentes. El mensaje a mi juicio, es lamentable, si yo no pago mis impuestos en tiempo  y como es debido puedo resultar beneficiado con una rebaja en mi carga tributaria y en las sanciones asociadas al no pago, mientras que si yo pagué en tiempo, tengo que quedarme ligado a la esperanza de que el próximo año, el Gobierno me acredite el pago, como sucede en el caso de quienes ya pagaron el impuesto de circulación de vehículos y que ahora deberán de esperar que se les acredite, para el 2014 lo que este año abonaron de más, por supuesto, sin siquiera entrar a analizar cómo se acreditará dicho reintegro si simplemente el contribuyente ya no tiene vehículo propio para el próximo año.

La planificación presupuestaria, el estudio e implementación de reformas fiscales, el fortalecimiento de los controles para evitar el contrabando y las constantes discrepancias entre miembros del Gobierno en materia de cumplimientos y metas de recaudación nos hacen pensar, a más de uno, sobre la carencia de una estrategia general en el tema impositivo y seguro estoy que esa no es la materia fuerte de este Gobierno.

En todo caso, no podemos esperar menos, cuando por ejemplo en el caso de la nueva Ley del impuesto sobre la renta, a pesar de que ya la misma cobró vigencia, aún estamos esperando el aparecimiento, por abonos, del reglamento de la misma, mientras todo mundo lee la bola de cristal para encontrar en ella las respuestas que la ley aún no ofrece. 

En cualquier emprendimiento que hagamos en esta vida, debemos de medir la empresa que enfrentamos, analizar nuestras posibilidades, nuestros recursos, determinar las fuentes de los mismos, estimar hacia dónde irán destinados  y ejecutar según lo planificado, no parece tan difícil, sin embargo aquí y lo que es más preocupante a nivel de Estado, andamos dando palos de ciego en un camino que a veces se antoja sin salida.