No se sabe donde descansan sus restos, pero millones de personas recuerdan hoy a Raoul Wallenberg por su convicción y determinación para salvar decenas de miles de vidas humanas durante el cruento Holocausto judío.
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En el centenario de su nacimiento se preparan actividades especiales para promover la memoria histórica y concientizar a la población para que actúe ante la adversidad.
En medio de uno de los capítulos más oscuros de la historia, varios hombres iluminaron la vida de los judíos que estaban condenados a morir bajo el régimen nazi, que había extendido su dominio a varios países de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, en 1944.
Sin embargo, pocos lo hicieron con la determinación y entrega de Wallenberg, un hombre originario de Suecia, arquitecto de profesión y diplomático en la práctica, a quien se le recuerda por su heroísmo en la estrategia que utilizó para salvar la vida de cientos de miles de judíos en Hungría.
“Para mí no hay otra opción. He aceptado esta misión y podría volver a Estocolmo sin saber que he hecho todo lo humanamente posible para salvar a tantos judíos como pueda”, habría declarado en su último encuentro con el diplomático sueco Per Anger.
Wallenberg diseñó y emitió oficialmente 4 mil 500 “pasaportes suecos de protección”, aunque se supo después que expidió tres veces más de lo que había solicitado al Ministerio de Relaciones Exteriores de Hungría.
También alquiló casas a nombre de la Embajada, declarándolas territorio sueco, con el fin de proteger a judíos. En Budapest, llegó a tener 15 mil personas albergadas en las llamadas “casas suecas”.
No obstante, lo más resaltante fue el coraje y sus estrategias para enfrentar a los nazis, a quienes en unas ocasiones sobornó y engañó, y en otras trató diplomáticamente y amabilidad, con el único objetivo de salvar las vidas inocentes que estaban en riego durante la guerra.
Información difundida por la Embajada de Suecia refiere que en enero de 1945 los soviéticos arribaron a Budapest.
Wallenberg fue llevado a la Unión Soviética y posteriormente fue tomado prisionero en Moscú; luego desapareció y nunca se devolvió su cuerpo ni se ha llegado a confirmar con certeza las circunstancias de su muerte.
A los 100 años de su nacimiento, la hazaña de Wallenberg ha sido conmemorada en todo el mundo. Es la expresión concreta del humanismo, un símbolo de tolerancia, coraje, ingenio y de imaginación para superar situaciones imposibles.
Fue la prueba de que una sola persona, común y corriente, puede hacer una gran diferencia en la defensa de los derechos humanos.
“Para mí no hay otra opción”
La Embajada de Suecia en Guatemala invita a la exposición “Para mí no hay otra opción”, en conmemoración al diplomático Raoul Wallenberg.
La muestra estará abierta al público a partir de hoy y durante todo el mes de junio en la 9a. Avenida “A” 18-95, zona 1, contiguo al Museo del Ferrocarril, de lunes a viernes, de 8:30 a 17:00 horas.