El “Qué hacer” político de Guatemala se encuentra sumido en una crisis severa. La Presidencia esta desacreditada totalmente. Este gobierno empezó con un buen grado de apoyo y buena fe de parte de la ciudadanía y a un año y medio de gobierno, no le queda nada. El Congreso está estancado, a estas alturas y por el estado de las cosas creo que es mejor. La conflictividad social debido al apoyo internacional y gestión de las ONG, entre otras cosas, se encuentra candente.
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Mi pregunta en todo eso es ¿Hasta cuándo la iniciativa privada en general y la élite empresarial en particular, seguirá de brazos cruzados? Hoy en día invertir en Guatemala se torna cada vez más difícil. El clima político no es el único que se encuentra turbio. El clima empresarial está igual de turbio. Los empresarios acostumbrados a vivir en sus burbujas no quieren asumir la responsabilidad que tienen. Al no llenar espacios que les correspondería en el área de responsabilidad social empresarial, organizaciones no afines a ellos lo están haciendo, generando la zozobra que hoy vivimos.
Por una parte tenemos un gobierno con una sed insaciable de recursos para robar cuanto puedan. Por otro lado las ONG que promueven el conflicto, en estos momentos dirigido principalmente a las mineras e hidroeléctricas. Después vendrá la agroindustria y por último todo lo que sea negocio para estas organizaciones. Para mientras la iniciativa privada en general en medio de estos dos grupos sin saber qué hacer, o lo que sería peor, sin la voluntad de hacer nada.
Tanto pregonan la libertad de empresa, tanto se opusieron a la ley de Desarrollo. Pero ¿Dónde está su contrapropuesta? ¿Cuál es la visión de país que tienen? Pareciera que como el avestruz meten la cabeza en el suelo. Por su visión obtusa de lo que tiene que hacer la iniciativa privada en estas latitudes, por su carencia de un sentido patriótico y no politiquero, por falta de un verdadero amor a Guatemala, o por simple ineptitud, están cometiendo los mismo errores que la iniciativa privada cubana hace más de 50 años y la venezolana más recientemente.
El empresario que cuida su entorno empresarial a lo interno y no se da cuenta que el entorno externo es el que sustenta su existencia a largo plazo no tiene futuro. Esto no lo enseñan en las escuelas de negocios en el extranjero pues allá el sistema político e institucional funciona diferente. Pero aquí o nos adaptamos o perecemos. Ellos han perdido poder, pues han dejado espacios abiertos que otros han sabido llenar.
De todos los empresarios que hay en este país solo los azucareros han tenido el sentido de formar una Fundación que ayuda no solo a sus empleados, sino que han dirigido sus esfuerzos para apoyar a varias comunidades; no solo de la Costa Sur, sino que han hecho un esfuerzo grande y también están apoyando en las áreas en donde viven los jornaleros que trabajan la zafra en el Altiplano. Esto sin duda se debiera replicar o lo que sería mejor, institucionalizar. Las dos entidades autónomas que en Guatemala realmente cumplen con su mandato de una forma eficiente y ejemplar son el Irtra e Intecap. La razón es que es administrada de forma tripartita entre el Estado, los trabajadores y la iniciativa privada, pero los empresarios llevan la batuta en estas dos organizaciones. Nadie puede negar que tanto el Irtra como el Intecap son instituciones ejemplares. No hay nada perfecto pero sí ejemplar. ¿Qué otra institución en Guatemala se puede comparar con estas?
Del mismo modo deberíamos tener una institución autónoma al modelo de Fundazucar, que promueva la salud familiar rural, el desarrollo comunitario y el desarrollo rural agrícola; adicionalmente debería promover la libertada de empresa y el encadenamiento de producción, para un desarrollo sostenible e integral del país. La encrucijada que enfrenta la iniciativa privada es de vida o muerte. Ojalá sean inteligentes y asuman su responsabilidad.