La lógica de Pérez


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Son varios los problemas que tiene este gobierno y que dejarán huella en perjuicio de Guatemala.  Me refiero a la corrupción, indolencia, falta de imaginación creativa, ausencia de líderes competentes y un etcétera que casi todos conocemos y nos causa desilusión y tristeza.

Eduardo Blandón


Pero lo más sobresaliente del gobierno de Pérez Molina, es esa capacidad natural e innata de responder a los problemas del país por la vía de los golpes y la violencia.  Y esto no tiene por qué extrañarnos.  No es raro que un gobernante con rango militar esté persuadido que la gente necesita palo para entender y hacerlos reflexionar.  Y lo aplica bien.

Nomás aparece lo contraproducente y contradictorio, va el Ejército y la Policía a poner orden como ellos saben hacerlo.  Es la lógica que aprendió el Presidente en los cuarteles y sin duda aplicó en su casa con su familia.  En su estructura mental no hay espacio para otra cosa que no sea la fuerza, por esa razón el diálogo y la negociación son palabras que carecen de contenido, son abstracciones a las que no le corresponde ninguna realidad.

Esa es la razón por la que el Ejército y la Policía son los protagonistas principales en la resolución de conflictos en estos cuatro años del señor Presidente.  Y aparejado a la violencia, otra estrategia en el imaginario del gobernante es el elemento del miedo y la amenaza.  Para eso envía a los soldados en camiones, bien armados y ataviados de simbolismos para aterrorizar a la gente.

El señor Presidente tiene la convicción de que el miedo también sabe persuadir.  Invade poblaciones y establece Estado de Sitio.  Todo es un mensaje que la gente está obligada a interpretar.  Y como la población tiene heridas a flor de piel y conoce el estado salvaje de sus protagonistas, toma sus precauciones.  Está consciente que las tropas carecen de escrúpulos y que valientes saben atropellar a niños, mujeres, jóvenes y adultos.   Barren parejo.

Esta es la historia que escribe Pérez Molina diariamente.  El gobierno de la fuerza, el Estado violento, el líder abusivo, el gobernante que atropella.  Nada de qué extrañarnos, no podíamos esperar bondad de un jefe de Estado salido de los cuarteles y entrenado para la ofensiva y el daño.

Ilusamente algunos pensaron que esa agresividad podía ser empleada contra las transnacionales y las empresas varias siempre deseosas de estafar al Estado.  Un carácter fuerte para no ceder al contrabando.  Una estrategia militar sesuda contra la delincuencia.  Pero se equivocaron, la fuerza está al servicio de la minería, mientras que el garrote contra los que se opongan a los negocios particulares de quienes tienen intereses turbios.

Ya lo hemos probado casi todo: ingenieros ladrones e inocuos, bachilleres con ínfulas, abogados de huevos tibios, políticos con boca de oro… hasta tocar la puerta de los cuarteles.  Realmente, no hay forma que le atinemos y encontremos a alguien al menos con diferencias nimias.  ¿Qué o quién vendrá después?