Brasil volvió a sufrir esta semana otro colapso en sus aeropuertos en un rebrote de la crisis de su sector aéreo que lleva nueve meses y que según el gobierno demorará un año en ser resuelta.
Por tercer día consecutivo, millares de pasajeros se apiñaban el viernes en los aeropuertos víctimas de atrasos y cancelaciones de vuelos atribuidos a fallas en una torre de control y a una protesta de los controladores aéreos.
Como ocurrió desde el martes, al promediar la tarde del viernes 1 de cada 3 de los 1.107 vuelos programados estaban demorados y 97 fueron cancelados, según un reporte de Infraero, la compañía a cargo de los aeropuertos brasileños.
El presidente da Infraero, brigadier José Carlos Pereira, advirtió que en los próximos dos días seguirán los problemas. «El tráfico disminuye en los fines de semana, pero aún así será complicado», dijo.
El atolladero se desató el martes cuando los controladores de la torre de Brasilia, la principal del país, alegaron que varias de sus pantallas tenían defectos y redujeron de 14 a 8 la cantidad de vuelos que atendía cada uno.
El Comandante de la Aeronáutica, brigadier Juniti Saito, anunció este viernes «el alejamiento inmediato» de controladores de Brasilia a los que acusó de rehusarse a utilizar equipos alegando desperfectos que serían inexistentes.
«Ese comportamiento es inaceptable», dijo Saito tras reunirse con el presidente Luiz Inacio Lula da Silva para examinar la crisis. Añadió que varios controladores serían sacados de sus puestos en forma «inmediata».
El militar no dijo cuántos son los sancionados pero el sitio de noticias Globo On Line estimó que 14 ya fueron castigados, además de otros 2 que cumplen arresto.
Los controladores aéreos están en pie de guerra desde que el 29 de setiembre 154 personas murieron al chocar sobre la Amazonia un avión de la compañía Gol con uno privado. Ese accidente fue la mayor tragedia aérea de Brasil y dejó al desnudo deficiencias en el sistema de vigilancia de vuelos; incluidos problemas de capacitación de los controladores.
Desde entonces, los controladores (2.112 militares y 594 civiles) exigen mejores condiciones de trabajo y dejar de estar subordinados a la Aeronáutica. Para hacerse oír, periódicamente trabajan a reglamento, esto es, cumpliendo minuciosamente las normas, lo que hace entrar en colapso los aeropuertos.
El ministro de Defensa Valdir Pires estimó esta semana que insumirá no menos de un año mejorar el sistema de control aéreo así como incorporar y capacitar a una mayor cantidad de controladores.
Saito anunció varias medidas para capear la crisis, entre ellas la creación de un centro militar de control al que se recurrirá cuando sea necesario garantizar el flujo normal en torno a Brasilia y el centro de Brasil. Entre las medidas a implementar se cuentan modificar o crear varias rutas alternativas.
La crisis brasileña revive a tres semanas de que Brasil reciba a 5.000 atletas para los Juegos Panamericanos de Rio de Janeiro y guarda similitudes con los problemas que enfrenta Argentina, el segundo mayor nodo de América del Sur.
En Argentina quedaron al desnudo deficiencias en el sistema y pilotos advirtieron que la seguridad aérea está degradada. Asimismo, hay una puja con los militares por el pasaje a la órbita civil de la vigilancia aérea.