Un gobierno reconocido y financiado internacionalmente en Cisjordania y un poder fuerte moralmente, pero pobre e ilegalizado en Gaza: la dirección palestina se ha convertido en un monstruo de dos cabezas que sólo agravará la pobreza y el aislamiento de millones de personas.
La semana pasada y en pocas horas, la toma de poder en Gaza por parte del grupo islámico Hamas provocó una segunda partición de Palestina después de la de 1948 y dejó más que clara la incapacidad de sus líderes, sean del Fatah o de Hamas, para ofrecer paz, seguridad y trabajo dentro de un Estado propio, un sueño venerado desde hace 60 años por millones de personas.
«Por ahora ningún gobierno reconoce al otro y nunca las esperanzas nacionales de los palestinos estuvieron tan bajas. Nunca los habitantes de Gaza y Cisjordania fueron tan poco dueños de su destino. ¿Como hemos llegado aquí?», se preguntó el analista francés Pierre Prier.
En este momento la Autoridad Palestina del presidente Mahmud Abas reina sobre dos millones de personas en Cisjordania y formó un gobierno de emergencia que recibió el apoyo y recuperó la ayuda financiera de la comunidad internacional.
Mientras tanto en Gaza el primer ministro Ismail Haniyeh, destituido por Abas, impone la ley y el orden y puso fin a las luchas fratricidas en un territorio de 1,5 millones de personas.
No hay que olvidar que los líderes de Hamas destituidos ganaron ampliamente las elecciones legislativas en 2006, cuando los palestinos decidieron dar un voto de castigo al Fatah de Abas y del difunto Yaser Arafat, considerado un movimiento corrupto e ineficaz.
Aislado del mundo y privado de ayudas financieras, el primer ministro Haniyeh, considerado un moderado y un pragmático dentro de la ola islamista, perdió el control sobre el ala radical y armada de Hamas, que se lanzó finalmente a la conquista de Gaza, orquestrada fundamentalmente por el líder del movimiento en el exilio, Jaled Mechaal.
«La situación era peligrosamente explosiva. ¿Qué se podía esperar en una cárcel de casi dos millones de personas donde Israel no devolvió ningún derecho auténtico y legítimo de los palestinos?», declaró Waleed Saleh, profesor de Estudios Islámicos en la universidad autónoma de Madrid.
En este contexto, es verdad que Abas intentó dar a Hamas una mayor representación política para que los islamistas prefirieran la lucha política a la lucha armada, pero el bloqueo tajante de Israel, Estados Unidos y Europa no le dejó demasiadas opciones.
Cabe preguntarse en este momento cuál será la legitimidad de Abas si sólo destina las ayudas internacionales a Cisjordania mientras en Gaza el hambre, el aislamiento y la miseria aumentan.
Según Daniel Levy, director de la ONG Prospects for Peace y consejero del ex primer ministro laborista israelí Ehud Barak, «un Mahmud Abas incapaz de controlar Hamas es todavía un interlocutor menos creíble para la paz que un Mahmud Abas que lleve a Hamas a la mesa de negociaciones».
Para Sergio Yahni, analista del Centro Alternativo de Información (AIC) de Jerusalén, es muy posible que el conflicto en Gaza se extienda a partir de ahora a Cisjordania.
«Y en Cisjordania Hamas tiene fuerzas mejor entrenadas y mas disciplinadas que el Fatah. Aunque está claro que en ese caso Israel intervendrá a favor de Fatah, garantizando la movilidad a sus efectivos, mientra encierra y bombardea a Hamas», advirtió.
Pero pese a que Hamas y la Autoridad Palestina de Abas puedan parecer en este momento enemigos irreconciliables, la idea de dos Palestinas y de dos gobiernos no es considerada factible, ya que las dos partes comparten «el objetivo común de un futuro Estado en Gaza y Cisjordania».
«Gaza pertenece a todo el pueblo palestino, no sólo a Hamas. Rechazamos cualquier idea de separación de los territorios palestinos», aseguró Haniyeh recientemente.
Pierre Prier, analista francés.