El Alto Tribunal Penal iraquí hará público el domingo su veredicto del juicio a seis responsables del antiguo régimen de Saddam Hussein, entre ellos «Alí el Químico», por genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad que costaron la vida a 182.000 kurdos en 1988.
La fiscalía había pedido la pena de muerte contra cinco de ellos por la campaña de Anfal, que derivó en ejecuciones masivas y bombardeos con armas químicas en el Kurdistán iraquí (norte).
El principal acusado y primo del ex dictador iraquí, Hasán al Majid, alias «Alí el Químico», es el único que se enfrenta a la acusación de genocidio.
Los otros son Saber al Duri, ex director del servicio de inteligencia militar; Sultan Hachim al Tai, ex ministro de Defensa; Husein Rachid al Tikriti, ex director adjunto de operaciones militares; Farhan al Juburi, ex comandante del espionaje militar; y Taher al Ani, ex gobernador de Mosul (norte).
Para este último, la acusación pidió la absolución por «falta de pruebas».
La defensa se basó en el argumento de que las operaciones fueron un clásico ejemplo de lucha contra la guerrilla en el marco del conflicto que opuso a Irak e Irán entre 1980 y 1988.
En el juicio abierto en agosto de 2006, «Alí el Químico» reconoció abiertamente sus responsabilidades: «Fui yo quien dio las órdenes al ejército de destruir las ciudades», dijo, sin remordimientos.
El tribunal desistió de juzgar por este caso a Saddam Hussein después de su ejecución el pasado 30 de diciembre, pena que le fue impuesta por la muerte en los años ochenta de 148 chiitas en Dujail, en un juicio que según acaba de denunciar Human Rights Watch adoleció de graves errores procesales.
El fallo estuvo fundado «más bien en suposiciones», declaró el viernes Richard Dicker, responsable de esa organización no gubernamental. Según él, la cuestión «suscita inquietudes sobre una eventual repetición de esos errores en el juicio de Anfal».
En este caso, decenas de testigos detallaron las atrocidades cometidas contra los kurdos, como Judhur Qadir Mohamed, ex peshmerga (combatiente kurdo), que relató el bombardeo de su pueblo por la aviación iraquí en mayo de 1988 y su captura medio año después.
«Fui llevado a un pelotón de fusilamiento y fueron los cuerpos de mis compatriotas los que me salvaron», explicó este kurdo de 37 años.