Luego de la decisión soberana de Guatemala al reconocer al Estado palestino, Israel ha movido sus piezas para promover reacciones en la opinión pública local y una pequeña manifestación el pasado domingo fue acompañada por un irracional comunicado de la Alianza Evangélica. Antes, oficialmente se había publicado el “rechazo” del Estado de Israel a la “inconsulta” acción del gobierno de Guatemala, como si un Estado soberano tuviera que consultar a otro sobre sus decisiones.
ocmarroq@lahora.com.gt
Yo sostengo que lo hecho por el Gobierno y la Cancillería es simplemente un elemental acto de justicia que permite a nuestro país, como cosa muy rara, ser coherente en sus acciones políticas. Guatemala fue pieza clave y fundamental para la creación del Estado de Israel y tiene que desempeñar el mismo papel para promover el reconocimiento pleno al derecho que tiene el pueblo palestino a su propio Estado.
Por supuesto que los que han sido becarios del programa de asistencia que mantiene la Embajada de Israel en Guatemala tienen perfecto derecho a manifestar y los medios de prensa tienen todo el derecho de publicar fotos cerradas para evitar que una panorámica demuestre que eran apenas un puñado de manifestantes. Y en el ejercicio de la libre expresión, los evangélicos tienen derecho a decir que Dios va a castigar a Guatemala por reconocer a un pueblo que no lee la Biblia. Si de hablar babosadas se trata, hasta alguien podría decir que siendo un pueblo cristiano debiéramos romper relaciones con los que mataron a Jesús, pero habría que ser tan pendejo como los que mandaron a hacer ese comunicado para sostener una barrabasada de ese calibre.
No es simplemente porque está consagrada la separación entre Iglesia y Estado, sino porque se trata de una fundamental cuestión geopolítica que tiene implicaciones muy grandes para el mantenimiento de la paz mundial. Ya se imagina si como resultado de ese fundamentalismo evangélico Guatemala no tuviera relaciones más que con los países que hacen de la Biblia su fundamento religioso y político y dentro de la Biblia aferrándose únicamente al Antiguo Testamento.
La Embajada de Israel en Guatemala tiene notables contactos e influencias, no sólo en los medios de comunicación con los que ha jugado un papel muy similar al de la Embajada de Taiwán, sino con los centros de influencia y decisión política. La comunidad judía en Guatemala es muy importante en muchos sentidos y, por supuesto, comercialmente hablando. Es, en consecuencia, natural que hagan uso de todos sus medios para manifestar el desagrado que les ha causado que un país como el nuestro dé el paso de reconocer a los palestinos. Pero es obligado que mantengan elemental respeto y mesura, puesto que en la manifestación que organizaron hicieron que los participantes repitieran la consigna de que Guatemala estaba apoyando a un pueblo cuya única distinción es el terrorismo y eso constituye no sólo una grave falsedad, sino una absoluta falta de respeto que al final de cuentas evidencia la postura israelí contraria al elemental respeto que tiene que ser el punto de partida para que se puedan buscar acuerdos garantes de la paz.
Hablar de terrorismo es un tema muy complejo y, recurriendo a las sagradas escrituras, vale la pena recordar que puede lanzar la primera piedra quien esté libre de culpa, pero históricamente está demostrado que existe también el terrorismo de Estado y en ese campo hay países que se han distinguido por su forma de usar la fuerza para amedrentar y aterrorizar no sólo a sus vecinos sino a medio mundo.
Precisamente el reconocimiento de Guatemala es un respaldo a la negociación, al entendimiento y el respeto. Por eso, tal vez, tan virulenta la reacción que ha provocado.