La situación de las finanzas públicas ha estado al orden del día pero opacada por lo que pasaba en lo político; sin embargo, el estado de las finanzas públicas parece que camina en un hilo muy delgado, en donde el desplome de la tributación caracteriza la coyuntura de la cartera del tesoro y seguramente es la preocupación de sus autoridades, pero también debe ser motivo de preocupación para todos los ciudadanos.
Efectivamente, esta problemática que parece momentánea, no es más que el resultado de un problema de larga data en las finanzas del Gobierno, la crisis de impuestos caracterizada por una estructura regresiva y de recaudación inelástica, vinculada a una carga de pagos del servicio de la deuda que se hace extremadamente pesada y la necesidad de propiciar una expansión del gasto para llenar enormes vacíos y redistribuir la riqueza, pero también con gobiernos que poco han aportado a la transparencia.
Esta etapa complicada durante esta gestión, tampoco es aislada, deviene de una acumulación de hechos que se han venido dando desde hace varios meses. Todo se veía mal desde hace mucho tiempo, todo presentaba condiciones para el desastre.
Uno de esos capítulos se establece a partir de la mala relación entre el Ministro de Finanzas y el Superintendente de Administración Tributaria y luego de las acciones legales emprendidas en contra de la reforma tributaria y la denominada Ley Antievasión. En lo que respecta a las diferencias entre ministro y superintendente, al principio las divergencias que se hicieron calladas pero la relación era distante. Luego el conflicto fue incrementando y la situación fue deteriorándose cada vez más. Ambos decían tener razón. Uno exigiendo su destitución porque no llegaba a alcanzar las metas tributarias correspondientes y el otro prodigando publicidad y medios para referir todo lo contrario.
Empero, la primera desavenencia se presenta cuando se había oficializado una primera terna, pero que ante la presión de la élite, se tuvo que buscar una salida honrosa, aunque “chueca”, pues “casualmente” todos los de la terna renunciaron alegando diferentes razones. Hoy se hace realidad, el candidato del ministro ha sido nombrado y todo arreglado, pero no, qué va.
El ministro ha dado cuenta en los diferentes medios que las finanzas ya presentan un agujero de casi mil millones, lo que obligará a contraer el gasto, pues la reforma y la Ley Antievasión, se encuentran pendientes de múltiples recursos legales, que de ganarlos los interponentes, augura una mayor tensión para el encargado de las finanzas públicas.
Más allá del referido agujero de casi mil millones, la autoridad del tesoro ha dicho que en el Congreso tampoco le aprueban los préstamos correspondientes; o sea, que las finanzas públicas se encuentran en una penosa encrucijada, pues al final de cuentas la actualización tributaria sumada a la Ley Antievasión, no sirvieron para hacer sostenibles los ingresos o impuestos, sino que requieren del apoyo de préstamos para salir adelante.
Vaya contrariedad, todos los problemas entre las autoridades de Finanzas y la SAT para terminar con que la recaudación se desplomó de todos modos y para dejar a la política fiscal, en la encrucijada de endeudar más al país, situación que ya se torna altamente preocupante, tal como lo manifestaron las autoridades del Banguat, puesto que el país no tiene una estructura tributaria que facilite el pago elevado del servicio de la deuda, así como su capacidad es bastante inelástica para elevar los ingresos. Por otra parte, en el lado del gasto, dadas estas circunstancias, únicamente queda la contención del gasto y la reducción en muchos de los presupuestos de ministerios y secretarías y luego los recortes de programas, actividades y renglones, mientras el servicio de la deuda se mantiene inflexible, difícil de acometer y con un costo de oportunidad elevado para una sociedad con tantas precariedades.