Los británicos tendrán la próxima semana un nuevo primer ministro, con la dimisión prevista de Tony Blair el 27 de junio y su inmediata sustitución sin elecciones por su ministro de Finanzas, Gordon Brown.
Para Brown llega así el final de una larga espera, pues desde hace años ambiciona suceder a Blair.
Para éste, es el final de diez años en Downing Street, marcados por un crecimiento económico ininterrumpido, una modernización resuelta de Gran Bretaña y al mismo tiempo una guerra en Irak que los británicos nunca le han perdonado.
Tony Blair, de 54 años, se va por su propia voluntad en mitad de su tercer mandato.
Como próxima etapa necesaria para el traspaso de poderes, Brown, un austero escocés de 56 años, será designado el domingo en Manchester (noroeste) líder del Partido Laborista en lugar de Tony Blair, que ha ocupado ese puesto desde 1994.
A falta de otro candidato, el partido ha cerrado filas detrás de un Brown poco carismático, trabajador incansable, que conoce a la perfección los secretos del poder y que fue en los años Noventa el artífice con Tony Blair del resurgimiento de los laboristas.
Gordon Brown será primer ministro una vez que la dimisión de Tony Blair sea aceptada por la reina Isabel, el 27 de junio.
En Gran Bretaña, el primer ministro es, efectivamente, jefe del partido mayoritario en la Cámara de los Comunes.
Después de meses de incertidumbre acerca de la fecha de su abandono y de tensiones con Brown, Blair anunció el 10 de mayo que dejará Downing Street el 27 de junio.
Sus últimas semanas en el poder han sido especialmente activas: desde mediados de mayo ha visitado Washington, Bagdad, ífrica, ha acudido a la cumbre del G8 en Alemania y esta semana participa en Bruselas en su última cumbre europea.
En el Vaticano debe ser recibido el sábado en audiencia privada por el papa Benedicto XVI.
El próximo miércoles, Blair asistirá por última vez a la sesión semanal de preguntas en la Cámara de los Comunes, antes de presentar su dimisión a la reina.
«Cuando llegue el día, me agarraré probablemente al picaporte» del 10 Downing Street, bromeaba recientemente, sin dar la menor indicación sobre sus proyectos de futuro, mientras que ya se vio un camión de mudanzas recientemente en la entrada trasera de Downing Street.
Gordon Brown, por su parte, está listo.
En estas últimas semanas, ha afinado su dimensión de primer ministro y abordado todos los temas, de la educación a la droga, pasando por los problemas de vivienda, la legislación antiterrorista, el exceso de población en las cárceles o la situación en Irak, donde estuvo el 11 de junio.
Pero el ejercicio es difícil para él.
Peso pesado del gobierno de Blair desde hace diez años, no se le puede disociar de éste y los analistas no esperan grandes cambios en la política británica.
Sin embargo, Brown debe convencer de que es el hombre de la renovación, algo que ha intentado hacer en los últimos tiempos presentándose como «el hombre de las ideas nuevas para una nueva época».
Todos los sondeos realizados este año lo dan perdedor ante el líder conservador David Cameron, en la perspectiva de las próximas elecciones legislativas previstas para 2009.
El último sondeo, realizado en mayo, situaba a Brown con un 30% de intenciones de voto, contra el 38% para Cameron, de 40 años, que lidera a los conservadores desde hace 19 meses y los ha rejuvenecido.
Cameron no quiere correr riesgos, y sin esperar a que llegue a Downing Street, empezó a atacar violentamente a Brown, al que esta semana presentaba como un hombre del pasado, incapaz de entender el mundo moderno.
El primer ministro británico, Tony Blair, un anglicano practicante, anunciará en breve su conversión al catolicismo, informaron hoy los medios de comunicación del país, un día antes de que el líder laborista se entreviste con el Papa Benedicto XVI en el Vaticano.
Blair «tomó la decisión de solicitar su admisión en la Iglesia» Católica, señaló el diario de izquierda Guardian, que cita a fuentes no identificadas en Londres y Roma.
El primer ministro, que dejará sus funciones el próximo día 27, anunciará en principio su conversión tras su audiencia privada en el Vaticano, según el Daily Telegraph.