Es una lástima que la mayoría de mandatarios a la hora de llegar a ocupar el cargo de elección popular se alejan por completo de quienes le otorgaron su voto, de ahí que con el paso del tiempo se vaya perdiendo la ilusión de construir una verdadera democracia. A inicios del año pasado mucha de nuestra gente estaba encantada con la idea que los tiempos pasados servirían únicamente para no volverlos a repetir y que a partir del 2012 privaría el interés general.
fracaceres@lahora.com.gt
Era tanta su ambición, porque el país cambiara que concurrió a votar por el binomio Pérez Molina-Baldetti con la idea de que su gobierno podría servir de paso de transición pero, después de su primer año de actividades, en especial por lo que nos ha tocado vivir y comprobar recientemente, ahora aseguramos que si hubo pequeñas señales, esa transición fracasó.
Nuestra gente se queja y con razón porque no haya visos de que podamos vivir en democracia. No hay tal representación popular. Todo es simulación, desde el montaje de entrega de camisetas y pantalonetas para que nuestros niños hagan deporte, aunque sin contar con canchas para poder realizarlo, hasta la entrega de bolsas de alimentos que encierran el manoseo de su adquisición como el clientelismo politiquero de su entrega. No hay tales. La impunidad en nuestro país se institucionalizó. Pues seguimos con el erróneo concepto de mantener a los ladrones de fondos públicos en nuestras calles y a la gente honrada, que por la necesidad de ganarse unos centavos se pone a vender sus mercancías en ellas, la mandamos a poner detrás de rejas. En vez de motivar e incentivar que la gente honesta ejerza el derecho ciudadano, se incentiva a las oligarquías para que sigan haciendo de las suyas.
Vivimos en un constante pleito callejero, porque en nuestro país no hay quien vele por los intereses de las mayorías. El dinero, la corrupción, la politiquería y los intereses personales, sobre todo los dinerarios, nos quitaron el derecho de contar con representantes honestos, capaces y apegados a la ley que pudiera encaminarnos a la tan ansiada democracia. No hay visos de que todo ese desastre se componga. ¿Alguien podrá mantener la ilusión porque algún día pudiéramos dejar de reelegir diputados, alcaldes y todo aquel conjunto de personajes que lo que menos llevan por dentro es servir a su comunidad? No hay mecanismos para hacer una efectiva democracia ni mucho menos interés político por lograrlo. Es prohibido soñar por un país mejor. Por ejemplo, la población tenía muchas ilusiones porque podría solucionarse lo del transporte colectivo para poder cumplir de mejor manera con sus deberes y obligaciones, pero pasado el tiempo, se han tenido que bajar de la nube, tal y como lo han tenido que hacer quienes requieren que los servicios de salud le brinden sin costo alguno el servicio puntual, eficaz y atento constitucionalmente establecido.