Distinta hubiera sido la reacción popular si en abril del año pasado, es decir a tres meses de haber tomado posesión el presidente Pérez Molina, hubiera impuesto a troche y moche el nombramiento del señor Juan de Dios Rodríguez como Presidente de la Junta Directiva del IGSS. Pero haber cambiado a quien venía desempeñándose legalmente en dicho puesto, después de transcurrido más de un año de un gobierno en el que se olvidaron por completo de sus promesas electorales, provocó que tal decisión ahora goce de dudas y escepticismo, pues no existe la confianza necesaria para que las cosas cambien para el bien de tan noble institución.
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Para terminarla de amolar, tuvimos la pena de apreciar el bochornoso espectáculo en que el designado para tomar posesión de tan apetecido cargo haya llegado a las oficinas centrales acompañado de un cerrajero y de agentes de la SAAS que, para lo que menos debieran servir es de niñeros, cuidadores o protectores de los amigos del presidente de turno, pues salvo que esté equivocado, su exclusiva misión es la de darle protección temporal a ministros o secretarios de Estado y el señor Rodríguez ya no gozaba de tan costoso privilegio. Más pena provocó la lisonjera actitud de algunos llamados dirigentes sindicales y de los aprovechados de siempre que con tal de agarrar o mantener el hueso burocrático están prestos a servirle de alfombra a cualquier protegido presidencial.
Algunos amables lectores podrán estarse preguntando ¿por qué este aprendiz de escribiente ni siquiera le da el beneficio de la duda al señor Rodríguez para transformar el IGSS en la entidad del Estado más eficiente, cumplida y honesta de toda la administración pública? Les pido disculpas, pero mi actitud se debe a que llevo rato de haberme unido a la pléyade de paisanos que bajo las normas de Santo Tomás “hasta no ver no creer” no estamos dispuestos a confiar más en promesas de índole politiquera. ¿Acaso se habrá cumplido con el juramento de perseguir penalmente a tantos pícaros de gobiernos anteriores que hicieron micos y pericos con los fondos públicos? ¿No ha sido suficiente comprobar que la impunidad, la corrupción y los manejos turbios siguen existiendo a granel, a pesar que no hay día de Dios que el gobierno no hable de transparencia, combate a la delincuencia a lo interno de la administración pública, como en la ejecución y cumplimiento de las normas que rigen la compra y adquisición de productos y servicios para las entidades del Estado? ¿No es suficiente prueba que el actual gobierno haya ejecutado el gracioso e ilegal usufructo ocurrido en el Puerto Quetzal, lo que apesta por cualquier lado en que se mire? Finalmente, sin llevármelas de adivino, chamán o profeta, creo con pena y tristeza, que estamos frente a un abuso más de poder que no va dar ningún buen resultado. ¡Ojalá me equivoque!