Monsieur Champer nunca pensó que su nombre, y de su empresa mercantil, iba a perpetuarse en uno de los principales puertos de Guatemala. En efecto, la compañía que trabajó en la costa de Retalhuleu se llamaba Champer & Compañía, que abreviado es Champer & Co. La gente lo popularizó en el Champerico de hoy. De forma parecida en la costa norte del lago de Izabal un gringo tenía un almacén al que conocían como The Store, de aquí El Store y ahora El Estor.
Don Bernal Díaz del Castillo, el historiador, quiso en 1527 reponer su Écija natal (Sevilla) en el pueblo de San Carlos Écija; al parecer a la población le pareció más simple decir Sija y así surgió San Carlos Sija. El nombre de Ciudad Vieja Sacatepéquez es producto de los antigüeños que así se referían a la ciudad inundada en 1541 y La Antigua fue bautizada por los del Valle de la Ermita desde 1775 que se quedaron en la Nueva Guatemala de la Asunción. Vera Paz debe su armónico nombre a las gestiones de los dominicos quienes lograron evangelizar y conquistar por medios pacíficos lo que hasta entonces era Tezulután o sea zona de guerra. En general no se repitieron nombres de ciudades españolas salvo Zaragoza, pequeño pueblo en Chimaltenango. Palencia no se debe a la ciudad española de Castilla y León sino a don Mathías de Palencia dueño, en 1624, de la hacienda que comprendía esa región.
Por lo general los conquistadores dieron el nombre propio de cada lugar, pero prácticamente a todos le anticiparon el nombre de un santo y así resultaban denominaciones muy largas; con el paso del tiempo solo unos poblados se identifican con el nombre completo ya que por lo general cayó en desuso el nombre del santoral (o al revés) y solamente aparecen en los mapas el apelativo ancestral. Valgan de ejemplo del primer grupo, que utilizan los nombres completos: Santa Lucía Cotzumalguapa, San Martín Jilotepeque, San Antonio Suchitepéquez, San Pedro Jocopilas, Santa Lucía Utatlán, Santa María Ixhuatán, San Pedro Necta, San Juan Ostuncalco, Santiago Atitlán, Asunción Mita, San Cristóbal Totonicapán, San Juan Chamelco, Santa María Chiquimula, San Lucas Tolimán, San Juan Ermita, San Manuel Chaparrón. En el segundo grupo de poblados que todavía usan indistintamente la forma completa o la abreviada se encuentran San José Acatempa, Santa María Nebaj, San Juan Comalapa, San Pedro Yepocapa, Santo Tomás Chichicastenango, San Andrés Itzapa, San Pedro Carchá, San Miguel Chicaj, San Carlos Alzatate. Como ejemplo de aquellos que solo se les conoce por el nombre vernáculo están: (San Miguel) Petapa, (Santa María Magdalena de) Patulul, (Santa Catarina) Nahualá, (San Benito) Nentón, (Santa Cruz) El Chol. Y por último, lo contrario, se identifican por el nombre del santo: Santa Catarina (Pinula), San Lucas (Sacatepéquez), San Cristóbal y San Agustín (Acasaguastlán), San Bartolomé (Milpas Altas).
Es curioso cómo se van identificando los lugares. Algunos son muy obvios o simples y se repiten mucho: Palo Blanco, Palo Gordo, Los Amates, Los Altos, El Cerinal, El Mezquital, El Rancho, El Jícaro, Río Hondo, Río Bravo. Otros más explícitos como Agua Salóbrega, San Rafael Pie de la Cuesta, El Tejar, La Ruidosa, Piedras Negras, Estanzuela (originalmente la Estancia, luego Estanzuelita).
Llama la atención que, a diferencia de otros países como México, son muy pocos los patronímicos que honran a determinados personajes. Apenas Puerto Barrios, la Isla de Flores (por el doctor Cirilo Flores), el municipio de Barillas (que lo impuso en 1888 el entonces presidente Lisandro Barillas), Cabañas (por el presidente hondureño Trinidad Cabañas, asistente de Morazán, liberal y unionista), ciudad Tecún Umán y ciudad Pedro de Alvarado (en los extremos de las fronteras del sur), Modesto Méndez y Melchor de Mencos personajes sin duda meritorios, pero de escasa recordación. Por lo demás no tenemos héroes que reconocer. Queda pendiente investigar de dónde provienen El Tumbador, San José el Ídolo y Palestina de los Altos y Monjas.