Dilemas éticos


Editorial_LH

Esta mañana trascendió la existencia en la red de videos altamente comprometedores para el que fuera presidente del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, Luis Reyes Mayén, mismos que tienen que ver con su vida íntima y por lo tanto para el periodista se plantea un serio dilema ético sobre cuáles son los límites de la responsabilidad de informar, sobre todo tomando en cuenta el perjuicio y daño que pueden sufrir familiares de quien fuera funcionario público. Asumimos que las cuestiones privadas deben permanecer privadas como principio fundamental, pero cuando en el ejercicio de una función pública se comete cualquier abuso, el individuo abandona el derecho a su privacidad.


Cualquier funcionario público que en tal calidad, en el despacho oficial donde desempeña sus funciones, realiza actos impropios y, por si eso no fuera suficiente, se deleita grabando videos de los mismos o tomando fotografías que guarda como trofeos, no puede alegar derecho a la privacidad ni respeto a su intimidad. Es tremendo, sin duda, el daño que se causa a personas inocentes que nada tienen que ver con el comportamiento del funcionario y a quienes toca soportar el escarnio de una actitud totalmente impropia y deleznable, pero desafortunadamente no se puede censurar ese tipo de información porque tiene mucho que ver con la ética y los principios de una persona que tiene la responsabilidad de administrar importantes intereses de la ciudadanía.
 
 Ya en la Antigua Roma se afirmaba que para la mujer del César no basta con ser honrada, sino que, además, tiene que aparentarlo, expresión que resulta contundente para ilustrar la importancia de la imagen que tiene que proyectar toda figura pública. También se ha dicho que quien no es fiel en lo poco tampoco será fiel en lo mucho y por ello es tan importante y trascendente la ética de nuestros servidores públicos, en todo el sentido de la palabra.
 
 La Hora tiene obligación de informar hechos de interés público y, desafortunadamente, estamos ante hechos que son de extrema importancia para juzgar las calidades éticas y morales de los que dirigen instituciones que custodian dinero público y que deben estar al servicio de los afiliados, pero que se pervierten para convertirse en presa de las pasiones de individuos que no entienden la dimensión de su responsabilidad.
 
 Pocas veces en Guatemala se ha vivido una situación de escándalo como la que ahora tenemos entre manos. No pretendemos hacer leña de ningún árbol caído, pero es imposible ocultar hechos que tienen tremenda relevancia pública aunque formen parte de la intimidad que el anterior presidente del Seguro Social abandonó al convertir su despacho en lupanar.
 

Minutero
Por no llevarse el video
ahora le va a ir de veras muy feo;
nada se puede esperar
de quien despacha en un lupanar