Culpa de los vacacionistas


Editorial_LH

Ayer el presidente Otto Pérez Molina restó importancia al hecho de que se anunciara el negocio de Puerto Quetzal el Miércoles Santo cuando empezó la vacación de la Semana Santa y dijo que él no tenía la culpa de que la gente estuviera más ocupada en su descanso. En algún sentido hay que darle razón al general Pérez Molina, puesto que la culpa de lo que ocurre en el país recae, en última instancia, en la actitud indiferente de nosotros, los guatemaltecos, que apechugamos frente a todo y que nos conformamos con refunfuñar, si acaso, pero sin ir más allá del murmullo como protesta.


Pero eso no quita que se pueda afirmar, sin asomo de exageración ni andar viendo micos aparejados, que la estrategia oficial fue precisamente la de actuar a mansalva, con la absoluta seguridad de que si normalmente nuestro pueblo no chista frente a la piñatización de los bienes públicos, mucho menos lo iba a hacer en ese momento que por tradición implica algo así como el cierre de toda actividad formal para emprender el más prolongado descanso que contempla nuestra legislación laboral.
 
 Guatemala es, por la reacción de su opinión pública, un país donde todo escándalo y toda noticia de envergadura es apenas flor de un día porque la población no llega a mantener la atención centrada en un mismo tema más allá de unas veinticuatro horas. Lo mismo que pasa cuando hay un hecho de violencia brutal y conmovedor, ocurre cuando hay un desastre natural en recónditas regiones o cuando algún funcionario dispone de la cosa pública como si fuera parte de su propia hacienda. Los medios que insistimos en ciertos temas, recibimos más de una reprimenda de lectores que consideran “necedad” eso de andar remachando clavos, recordando a la gente los atropellos cometidos y la necesidad de que no haya olvido para esperar que algún día pueda operar eficientemente el Sistema de Justicia.
 
 En otras palabras, cuando el presidente Pérez Molina dijo ayer que él no tiene la culpa de que “ellos dispusieran irse de vacaciones cuando se anunció lo del Puerto” tiene buena parte de razón, puesto que puede parafrasearse y decir que el Presidente no tiene la culpa de que al pueblo de Guatemala le venga guango lo que se haga con bienes de propiedad pública y que igual nos quedamos si se anuncia un trinquete que algo bien hecho. Al fin y al cabo, ni el Presidente ni la gente de la portuaria perdieron nada, sino todo lo contrario. Y si los que realmente perdieron callan y no reclaman, le dejaron el camino abierto a este y a futuros gobiernos para hacer micos y pericos.

Minutero:
Con la cero tolerancia 
ante el abuso sexual 
hay una enorme ganancia 
en la postura papal