“No pretendemos nada especial. Solo pretendemos que nos permitan vivir como viven ustedes, como nuestra Constitución lo demanda”. Palabras del famoso pelotero afroamericano Jackie Robinson a un periodista deportivo. Dentro de algunos días o semanas seguramente en salas de cine de nuestro país podrá ser vista la nueva película llamada “42” en honor al número que llevaba en su dorsal el señor Robinson, Hollywood decide contar su historia en un largometraje que promete ser una película conmovedora y aleccionadora.
Para un poco de referencia a quienes nos gusta el beisbol, Jakie Robinson fue el primer afroamericano en jugar en Grandes Ligas en 1947. Por supuesto que ya para entonces existían una gran cantidad de jugadores de beisbol de color de gran calidad, pero por motivos raciales solo les permitían jugar en el “Negro League”. En ese año el señor Robinson fue contratado por los Brooklyn Dodgers y además del revuelo social que causó su temporada de debut, demostró la incuestionable calidad y habilidad deportiva de los afroamericanos con tremendos números en esa y las siguientes temporadas. Jackie llevó a los Dodgers a seis Series Mundiales en diez temporadas y con su actuar se logró abrir la brecha de la desmitificación de los negros en el deporte.
Recordé algo de esta historia y me pareció adecuado compararlo con lo que sucede ahora en nuestro país y en muchos otros con el tema de la bendita “equidad” de género. Ayer miércoles 3 de abril en una nota de prensa de este vespertino la excongresista Catalina Soberanis aboga por la implementación de cuotas de participación política para las mujeres. Para decirlo más claro y sin tanto enredo, lo que pretende la señora Soberanis es que por ley se asigne una cuota obligatoria de mujeres participando en los puestos políticos como por ejemplo pudieran ser los diputados del Congreso de la República. El asunto es que si yo fuera mujer me sentiría totalmente decepcionado de que este tipo de líderes represente mis intereses en los puestos políticos porque al asignar cuotas por género lo que en realidad se logra es una discriminación legal y formal.
Lástima que la ahora “consultora en temas de participación política” no repare en el daño que le hace a sus compañeras al concederles como por lástima o consolación un número determinado de escaños en los organismos políticos. Siempre he creído que las mujeres, al igual que los hombres, antes de ser mujeres son seres humanos y está más que demostrado que lo mejor para todos los seres humanos es que todos los miembros de una sociedad vivan bajo un marco legal que otorgue derechos a los seres humanos y no a privilegios o concesiones sobre bases de género. Pero lo que la humanidad ha logrado avanzar en este sentido parece olvidarse rápidamente porque no cabe duda que cosas ridículas y sin sentido como la mentada ley contra el femicidio segreguen más de lo que integran al género femenino en el aspecto político social.
Lástima que doña Catalina no conoce la historia del buen Jackie porque se daría cuenta que cuando prescindimos de los privilegios o cuotas legales para promover o segregar a un grupo determinado de la sociedad, logramos la maravillosa competencia del esfuerzo humano que ha llevado a nuestra civilización en un vertiginoso viaje de desarrollo y mejora. Las más grandes dificultades que el ser humano enfrenta hoy para lograr el desarrollo son precisamente este tipo de iniciativas convertidas en ley. ¿Por qué habríamos de tener un X% de diputados hombres a como diera lugar, sin tomar en cuenta la capacidad o empatía con el electorado? ¿Porque solo X% de diputadas mujeres? En principio, lo que propone la señora Soberanis es tan absurdo como proponer que el 100% de los diputados deben de ser hombres porque sí. Nuestros sistemas de elección y participación política tienen serias deficiencias pero es mi opinión que el camino de las cuotas de género sería un franco retroceso.