Hoy dio inicio la narración de 10 a 15 mujeres que sufrieron de violación sexual durante los años 1982 y 1983, tiempo en que Efraín Ríos Montt tomó control del país con el apoyo del Ejército.
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Por orden del Tribunal A de Primer Riesgo, presidido por Jazmín Barrios, se pidió a los medios de comunicación no publicar los nombres de las víctimas. Estas mujeres ixiles pasaron a declarar cubiertas con una manta típica para resguardar su identidad y evitar que los rostros de la humillación fueran reconocidos por los presentes.
Una de las testigos, J. S. B., reconoció a los acusados, Ríos Montt y Rodríguez Sánchez, diciendo: «ellos dieron la orden a los soldados de lo que me hicieron. Por eso estoy aquí”.
Otra testigo, A. L., dijo que fue llevada por los militares porque era acusada de ser guerrillera. Esta testigo fue torturada, violada, y estuvo prisionera durante diez días, durante los cuales dos soldados y un subteniente se aprovecharon de ella.
SECUELAS
De acuerdo con Brisna Caxaj, de la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG), fuera del área ixil otras mujeres también sufrieron de violación a manos del Ejército, y a consecuencia de ello muchas de ellas se contagiaron con diversas infecciones, algunas enfermaron de cáncer de cérvix y otras tuvieron hijos producto de estas violaciones.
Según Sandra Morán, integrante de una de las organizaciones en pro de los derechos de la mujer, quien se presentó a las afueras de la Corte Suprema de Justicia, “es necesario que la violencia sexual se vea como un arma genocida, así se evidenciaría que la violencia sexual no era un hecho aislado sino que se hacía como premio a los soldados por sus acciones”, dijo Caxaj.