Andy Palacio, estrella de la música garí­funa


El guitarrista y cantante Andy Palacio, oriundo de Belice y estrella del «punta rock», en concierto a Parí­s este miércoles y el jueves, en el marco de la Fiesta de la Música, hará descubrir la riqueza de los cantos y ritmos del pueblo garí­funa, sabor africano y amerindio de Centroamérica.


Palacio será esta noche la vedette en uno de los más afamados cabarets de Parí­s, el New Morning, acompañado de su grupo «Garifuna Collective» y el jueves compartirá la velada en el teatro Olympia con Abd al Malik, Sanseverino y Mamani Keita.

Palacio, una estrella del punta rock, equivalente para los garinagu (plural de garí­funa) del zuk para los antillanos, ha decidido explorar más profundamente la música tradicional de su pueblo en base a cantos marcados por la influencia india y los ritmos de origen oesteafricanos.

«Nuestros ritmos, danzas y cantos están directamente ligados a ífrica por muchos aspectos», explica a la AFP Andy Palacio, de 46 años, quien milita por la salvaguarda de la cultura garí­funa, una comunidad diseminada en Belice y en paí­ses vecinos como Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Más allá de una música rica en influencias (mento, calipso, mandinga, mbalax, Angola, Cabo Verde, Cuba) la palabra garí­funa designa la cultura, su lenguaje y sus códigos, de una comunidad cuyo origen remonta a 1635, cuando dos barcos negreros naufragaron frente a la isla caribeña de San Vicente.

Los sobrevivientes fueron recogidos por indios arawaks. De esta mezcla nació la comunidad garí­funa cuyos miembros, reacios a toda forma de colonización, fueron deportados a fines del siglo XVIII a una isla frente a Belice (ex Honduras Británica).

Los garí­funas son ahora una población de unas 275.000 personas que habitan especialmente en los departamentos hondureños sobre el Caribe, que incluyen Cortés, Atlántida, Colón y las Islas de la Bahí­a, y se han destacado por su música, baile y teatro, así­ como por su destreza para el fútbol, donde reciben el mayor reconocimiento.

«Nuestra música está estrechamente ligada a nuestro pueblo y sigue siendo un vector de comunicación, jugando un papel vital en la expresión de nuestra espiritualidad», afirma Palacio.

En el disco «Watina» («Yo interpelo») aparecido en abril, estos cantos y ritmos toman un sabor particular, realzados por saxofones y guitarras con acentos soul.