Vueltas de la vida


Editorial_LH

Hace 31 años los guatemaltecos recibían la noticia del derrocamiento del general Romeo Lucas García como resultado de un Golpe de Estado dirigido por la oficialidad joven del Ejército que confió el mando al también General, en situación de retiro, Efraín Ríos Montt que había sido candidato presidencial en 1974 y víctima de un burdo fraude electoral que le impidió convertirse en gobernante. Desde que habló la primera vez al frente de la Junta de Gobierno que conformó con los militares Horacio Maldonado y Luis Gordillo, ofreció terminar con la violencia brutal y dijo que no aparecerían más cadáveres a la orilla del camino, pero bajo su mandato se intensificó el conflicto interno y ocurrieron no solo varias masacres sino también ejecuciones ordenadas por los funestos tribunales de fuero especial.


Continuó la política de secuestros y desapariciones, reconocida en oportunidades como instrumento para presionar a reales o supuestos guerrilleros cuyos parientes fueron víctima de esa práctica aberrante. Además se usó el poder como púlpito para el proselitismo de corrientes religiosas exóticas para nuestra población y recursos públicos alentaron el crecimiento de sectas protestantes en Guatemala.
 
 El Golpe de Estado que se recibió con una mezcla de alivio y esperanza porque deponía al dictador Romeo Lucas engendró otro régimen autoritario con características mesiánicas de un gobernante que semana a semana predicaba en cadena nacional de radio y televisión con los ojos desorbitados dando lecciones de supuesta moralidad. Llegó a ser tal la situación que cuando año y medio más tarde se produjo el relevo en el mando, no hubo ningún sector que defendiera al caprichoso jefe de Estado autonombrado presidente.
 
 Hoy, 31 años más tarde, el general Ríos Montt vuelve a ser la figura central en el país por el juicio iniciado en su contra bajo la acusación de haber cometido delitos graves contra la población como superior de las fuerzas armadas. Como en 1974, Ríos Montt polariza nuevamente a la sociedad, cosa que también intentó, con poco éxito, en 1982. Esta vez, en vez de sentarse en el salón de Banquetes del Palacio Nacional para ofrecer su primera arenga, lo hace en un Tribunal de Justicia escuchando testimonios dolorosos sobre la forma en que se libró la guerra.
 
 Al margen del objeto del juicio, que servirá para poner a prueba al Sistema de Justicia, es importante recordar ahora que Ríos tuvo la oportunidad de recuperar el tiempo perdido tras el fraude que le negó la Presidencia, pero su obsesión fanática con la fe que abrazó tras su fiasco personal y el rodearse de otros fanáticos que vieron el Golpe de Estado como obra de Dios para propagar el protestantismo, anularon su capacidad política y desvirtuaron la posibilidad de empezar a construir una Guatemala distinta.

Minutero:
31 años del Golpe de Estado
que acabó con el luquismo
pero al final fue lo mismo
obra del iluminado