Iniciado el tercer día del juicio contra Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez, el tribunal ha escuchado hasta el momento a 18 testigos, entre ellos tres mujeres.
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Jacinta Rivera Pinto, fue la testigo número 15, en pasar a declarar sobre los atentados que su aldea Vicalama, Nebaj, Quiché, sufrió a consecuencia de la presencia de efectivos militares el 22 de febrero de 1983.
Según Rivera Pinto, los soldados sacaron a los pobladores de su casa, luego la quemaron, junto con su ropa y otras pertenencias, además de cortar su milpa. Sintiendo terror, ella, su esposo e hija corrieron a ocultarse a la montaña, pero los militares los observaron.
De acuerdo con el testimonio, las víctimas escucharon que ellos -los soldados- dispararon, lo siguiente que recuerda Rivera fue verse sumergida bajo una lluvia de balas que le quitó la vida a su esposo Miguel Terraza Raymundo y que hirió en la mano a su hija, en ese momento era una bebé.
“Todo, los ponchos y las chamarras, se quedaron allí donde su esposo estaba, pues él era quien las llevaba (…), al día siguiente tenía miedo de salir porque habían dicho que a veces dejaban granadas al lado de los muertos”, explicó el traductor de la testigo. Tuvieron comida solo durante los tres días siguientes.
Tiempo después, la testigo relató que salió de la montaña con mucho miedo para ver a su esposo. Allí encontró a gente conocida de la aldea, con quienes enterró al papá de sus hijos para que los perros no se lo comieran.
Un año estuvo en ese lugar, en donde no había comida, ni instrumentos para trabajar. Fue después que con un grupo de mujeres de su comunidad se mudó a Amajchel en busca de comida. Allí sembró en la tierra para alimentar a su familia quien tampoco tenía ropa y se cubrían con pedazos de nailon que lograban reunir.
Pasado un tiempo, los soldados regresaron en un helicóptero solo para arrojarles granadas. En el curso de la declaración la testigo pidió justicia por su familia diciendo: “que se pague por la sangre de mi esposo y de mi hija”.
“Eran de los nuestros”
El siguiente testigo en línea para declarar fue Domingo Rivera Cobo, quien perdió a su hermano Pedro Rivera Cobo y que no pudo precisar cuántas casas había quemado el Ejército. Sin entender qué pasaba en su aldea el testigo manifestó no saber por qué el Ejército los perseguía. El testigo declaró que los soldados eran ladinos, pero al momento de preguntarles quiénes eran los exPAC, dijeron: «eran de los nuestros».
Jazmín Barrios, jueza presidente del Tribunal, aclaró a la sala que ella está obligada a decirle a los testigos sobre qué escenario fueron propuestos para declarar, y no lo que cada testigo debe decir.