Algo les sucede a nuestros operadores políticos que impide que no lleguen a acuerdos mínimos y sepan resolver las crisis coyunturales que aparecen cada día. Me refiero a que en nuestro país los problemas parecen eternos porque no los resolvemos o le damos falsas soluciones que al cabo del tiempo vuelven a aparecer. No digo que los hechos sean de fácil solución, sino que somos expertos en empantanarnos y cuasi ahogarnos en el manantial en que navegamos.
Ojo que no sólo llamo la atención a quienes gobiernan, sino también a los líderes del sector civil que tampoco saben conducir sus peticiones ni negociarlas. De esa forma, se acude a estrategias de presión que lastiman a la población y al final todos nos vemos involucrados en el maremágnum de las circunstancias críticas. Ya sabe, me refiero a ser testigo de las protestas callejeras y a la inmovilización del tráfico.
¿Por qué somos tan torpes para negociar y ponernos de acuerdo? Yo estimo que se debe a la carencia de un chip cerebral (deficiencias neuronales) que no nos permite iluminar la situación, alumbrar soluciones y por la vía del gana-gana, ser pragmáticos en conseguir lo que queremos. Nuestros políticos y la mayoría en general parecen (parecemos), niños caprichudos y malcriados que al no obtener lo que queremos golpeamos la mesa y nos ponemos a llorar.
Un caso paradigmático, si me lo permiten, es el problema de los normalistas con las autoridades del Ministerio de Educación. Son años los que pasan sin que la alta burocracia ni los marrulleros sindicalistas se pongan de acuerdo. Por el Ministerio han desfilado, humanistas, ingenieros, administradores… y todos han demostrado una torpeza de antología. No hay que culpar a uno aisladamente, es que cada uno ha demostrado una incapacidad digna de Ripley.
Los suspicaces dirán: es que es un Ministerio estratégico y al gran capital le conviene ese tipo de dilaciones. Y pensaría que sí, si fuera un hecho aislado y único, pero esta anarquía que nos sale natural, es casi generalizable. Veamos, para poner otro ejemplo, el tema de la minería. La lucha de la población contra el gran capital extranjero (ahora sí), junto a los intereses mezquinos, miserables y arribistas de algunos, es lamentable. El diálogo aquí es casi imposible y lo natural es el plomo, la mentira y el soborno.
Volvamos a la pregunta: ¿Qué pasa que no podemos solucionar nuestros problemas como gente decente? ¿Por qué pareciera que con el transcurrir del tiempo vivimos en el eterno retorno de lo mismo? ¿Tan brutos somos en materia de negociación? ¿Tan tercos y estultos? Algo deberíamos hacer desde la escuela para ir cambiando esas actitudes ciegas y sordas que ahora nos tienen en un pantano, próximos a la muerte.