No puede permitirse que el Transurbano siga siendo un fraude fraguado entre nuestras autoridades y algunos malos empresarios para perjudicar a la población. Deben acabarse las protecciones y favoritismos en perjuicio de usuarios o consumidores. Con el Transurbano se engañó descaradamente a los usuarios para sacar provecho personal y político de sus actores, pues no se nos quita la mala costumbre de copiar solo lo malo de otros países.
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En Guatemala también nos hemos dado a la tarea de crear empresas privilegiadas que operan sin cumplir con la regulación vigente y en algunos casos ni siquiera existe. Resulta totalmente amoral seguir dejando funcionar a entidades, con la máscara de empresas, basadas en las relaciones o conveniencias del gobierno de turno y la complicidad de entidades del Estado autónomas o descentralizadas.
El Transurbano es un engaño, porque a los usuarios se les dijo que gozarían de un estupendo servicio y resultó todo lo contrario. Se habló de poner a funcionar miles de unidades y apenas hay unas cuantas. Es también un embuste, porque se publicitó como la solución del transporte colectivo para la ciudad capital en unión al Transmetro y pasado el tiempo todo sigue siendo solo una verde esperanza. ¿Pero en dónde han estado las autoridades todo este tiempo?; ¿por qué impunemente han dejado de cumplir sus deberes de fiscalizar, controlar, supervisar y cumplir las leyes del país, mientras el Estado guatemalteco ha estado desembolsando más de dos mil millones de quetzales en concepto de subsidio?
Como que en Guatemala nos sobrara el pisto, puesto que los buses se han comprado con el dinero del pueblo y no con el de los funcionarios o empresarios, los sobreprecios pagados son escandalosos; tampoco se les da el debido mantenimiento, cada vez están más sucios y expeliendo el contaminante humo negro; los precios del pasaje se suben antojadizamente y sin siquiera advertirle a la población, mucho menos se les avisa oportunamente del cambio antojadizo de rutas. Y para colmo de males, todavía tienen el cuero de danta para producir programas televisivos para hablar bellezas del transporte, como si todos los chapines fuéramos caídos del tapanco para no darnos cuenta que tenemos uno de los peores servicios de transporte colectivo del mundo.
Creo firmemente que llegó la hora de ponerle coto a la asquerosa y pestilente clase empresarial de cuates que se ha venido consolidando en nuestro país, para proteger privilegios; para fomentar monopolios, duopolios u oligopolios; para elegir ganadores de licitaciones, adjudicaciones o concesiones; para defender cotos y no para crear condiciones favorables para desarrollar mercados abiertos, competitivos, innovadores y así, poder proveer a una sociedad ávida de buenos productos y servicios a precios competitivos. No es justo seguir esquilmando a la población. ¿Dónde se ha visto que se saca dinero de los bolsillos a los contribuyentes para construir paradas del Transurbano por rutas por las que ni siquiera transitan?