Hace pocos días se dio a conocer el informe de Desarrollo Humano correspondiente a 2013. En esta oportunidad, se ratificó que Guatemala sigue ocupando los últimos lugares en cuanto a desarrollo humano se refiere, esto al compararlo con los países latinoamericanos.
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El ente que se dedica a calcular este índice, es el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD-, para lo que toman en cuenta 187 países a nivel mundial, ocupando Guatemala el lugar 133 y penúltimo a nivel latinoamericano. Al observar estas cifras, es para alarmarse, y no es para menos, pues la medición de este indicador se basa en tres parámetros generales, los cuales son ingresos de la población, esperanza de vida y años de escolaridad.
Seguramente muchos pensarán que esto se trata de una medición estadísticamente sesgada, por el simple hecho, de que para la elaboración del índice se toman muestras en algunos datos. También, puede aducirse que el uso de ciertos indicadores contribuye a la no confiabilidad de los resultados, dado que, el PIB per cápita, es un indicador mentiroso, pues sólo representa una división, en la que se esconden muchas realidades, y máxime cuando se trata de países como los latinoamericanos. Sin embargo, esto no logra ocultar todas las circunstancias, porque los otros dos parámetros incluidos en el cálculo, desnudan la situación de las sociedades. Pero, el objetivo de esta columna, no es criticar los aspectos técnicos de la medición de este índice, sino por el contrario es reconocer la validez estadística que muestran los resultados.
Antes que nada, no puedo pasar por alto el análisis de una de las tasas que mayor importancia le dan los medios en nuestro país, y esta es la de homicidios. Según PNUD existe una correlación negativa entre el Índice de Desarrollo Humano -IDH- y la tasa de homicidios, es decir, que entre menor sea el IDH mayor será el coeficiente de esta tasa. Con respecto a la anterior afirmación, opino que es aplicable parcialmente, porque cuando se analiza el caso guatemalteco, cae esta hipótesis. Todo puede comprobarse al consultar las tasas de homicidio de los departamentos de occidente, y por ejemplo, siendo Totonicapán una de las regiones que ostenta uno de los coeficientes más bajos de IDH en América Latina, posee las tasas de homicidio más bajas de los últimos once años en nuestro país.
Algo que no es tan difícil de percibirlo, son los años de escolaridad que tienen los guatemaltecos, y el informe señala que nos encontramos al final de la lista de países latinoamericanos, con un promedio de 4,1 años, y en contraparte, se ubica Cuba, con una media de 10,2 años. Pero no todo es malo, y algo digno de resaltar, es que nuestra esperanza de vida aumentó, y nos situamos en una posición aceptable, con una esperanza de 71,4 años, pero superados por otros, como lo son Costa Rica, Cuba y Chile, países que se sitúan por encima de los 79 años.
En conclusión, creo que el IDH sistematiza, en gran parte, la forma de cuantificar la calidad de vida de las personas, aglutinando los principales factores que influyen en esta. Por otra parte, opino que el Desarrollo Humano debería ser la finalidad de todos los Estados puesto que el bienestar de las personas es lo primordial en una sociedad. Pero, en la mayoría de casos, el humano toma como fin el crecimiento económico, en otros lugares se hace el esfuerzo por acercarse al desarrollo económico y algunos otros casos aislados, conjuntan los dos anteriores con la sostenibilidad ambiental, pero lastimosamente, se olvidan que estos sólo deben ser medios para lograr la finalidad suprema, que es la elevación del IDH.