“Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá” Bertolt Brecht.
Desde hace muchos años he escuchado la frase que encabeza la presente, ya que desde el fatídico Vinicio Cerezo, hemos venido en decadencia en relación a las personas que nos gobiernan, pero ¿Es nuestra culpa?
Y la conclusión a la que llego, es que en buena parte, si es así, porque somos indolentes ante los sucesos que diariamente hacen nuestra historia, un ejemplo más que claro, es la inercia en la que cae el Congreso, con el objetivo de no modificar de una vez por todas la Ley Electoral y de Partidos Políticos, buena parte del problema recae en la estructura de la mencionada ley, ya que contiene vacíos permisivos que en un país democrático no se aceptarían, el principal, es el financiamiento de las campañas publicitarias, convirtiéndose las mismas en algo tan caótico, que llega siempre el más comprometido, y ya no solamente con la cúpula empresarial, que es bastante dañino, hoy también con el crimen organizado, que es más dramático aún, porque ¿puede lucharse contra el amigo financista? Nunca, ya que existen lazos poderosísimos. No solamente por secretos mutuos, sino que por compromisos de sangre, porque con las estructuras criminales no se juega, y se ha implementado en Guatemala la Política del Terror, perdiéndose la visión del ciudadano en cuántos muertos hay cada día, como una cortina de humo a los problemas que nos tienen de rodillas, como la necesidad sentida de cambiar el sistema de elecciones, ya que el actual está totalmente corrompido, la mejor forma para que el pueblo no reaccione, al problema de fondo, es sumirlo en los dolorosos problemas periféricos, como lo son los crímenes diarios, centrando el conflicto individual en la necesidad de vivir, en la angustia que ocasiona la incertidumbre de si terminaremos el día en casa o en la morgue, en ese debate emocional, poco o nada importa un Congreso paralizado, al fin y al cabo es una “cueva de ladrones” piensan Juan y María Pueblo, y en el devenir del día, en la angustia de sobrevivir la crisis económica creada por el mismo Estado, y vivir, para el regreso al hogar, pasan los días y el tan ansiado cambio del sistema político no llega, pero a nadie le importa, porque es lógico que se priorice conservar la vida y la de los seres queridos a visualizar y exigir se solucione el problema que da origen al conflicto individual, que se convierte en social, por lo que no sería extraño que dentro de 40 años, algún historiador, si lo hubiera, descubra que lo que hoy vivimos no es más que una táctica de inteligencia para que veamos las hojas, y no nos preocupemos del bosque que cada día es más espeso.
Ya es tiempo que tengamos el gobierno que nos merecemos, dependemos de un ente más que corrupto para lograrlo, pero después de los grandes fracasos del actual Congreso, desde que los diputados tomaron posesión, lo menos que deberíamos exigirles para pasar con un poquito de dignidad a la historia es la modificación de la ley antes mencionada, verdadero valladar para transparentar el sistema electoral, y que por fin el guatemalteco pueda escoger no a los menos malos, si no que a los adecuados.