En lo que a política se refiere la vida de Michelle Bachelet parece girar en redondo: como le sucedió en 2006, podría llegar a la Presidencia de Chile empujada por las encuestas, como única opción para que la centroizquierda recupere el poder.
SANTIAGO Agencia AP
Como hace siete años, deberá hacerle frente a problemas que su gobierno no logró atajar como la desigualdad social, un sistema pensional privado que no entrega las mesadas prometidas, una salud deficiente que debe atender al 80% de la población que no tiene dinero para pagar médicos y clínicas privadas y dos movimientos exacerbados: los estudiantes y los indígenas mapuches.
Por sí sola Bachelet, de 62 años, hoy ganaría las elecciones en primera vuelta, lo que representa un notable cambio desde el fin de la dictadura (1973-1990) pues los partidos de derecha han obtenido al menos un 40% de los votos en esta instancia electoral.
Esa realidad política la convierten en la tabla de salvación de la coalición de centroizquierda que reconocen que no tienen » un plan B… en la oposición en su conjunto no estamos preparados para una respuesta negativa de Bachelet», había dicho Jaime Quintana, presidente de un partido que hace parte de la coalición.
Ahora que en la víspera renunció a la Secretaria Ejecutiva de la ONU mujer, se espera que en los próximos días anuncie su candidatura a la Presidencia. «Este es un anuncio que me alegra por Chile», dijo Osvaldo Andrade, presidente de otra agrupación que hace parte de la coalición.
Pero la popularidad de Bachelet se sustenta más en la apreciación afectiva de la gente, que la siente cerca y que han hecho de ella una especie de mito, más que en una decisión racional basada en su liderazgo y logros de gobierno, dijeron politólogos, sicólogos y sociólogos consultados por The Associated Press.
«Ella ha logrado en mucha parte de la población este sentimiento de estar apegada a su figura», dijo Giorgio Agostini, doctor en sicología social y maestro en sociología. «Cuando la gente tiene una cercanía, que la siente afectiva, va a tratar de justificar a veces hasta lo injustificable o perdonar las faltas que pudo tener».
Ese mito empezó a construirse sobre sus valores y su historia, similar a la de miles de chilenos: como víctima de la dictadura, exiliada, como ejemplo de profesional de clase media, como figura maternal y protectora, divorciada, independiente y jefa de hogar.
Para retratar esa cercanía Bachelet usó en su campaña presidencial la frase «soy una chilena ni más ni menos que millones de ustedes, trabajo, llevo mi casa y dejo a mi hija en el colegio», que fue sacada de su autobiografía oficial.
«Ella como que aparece por sobre el bien y el mal», dijo a la AP Andrés Benítez, politólogo, ingeniero y rector de la prestigiosa Universidad Adolfo Ibáñez. «Se creó una especie de mitología en torno a ella, que todavía no llegamos a entender bien. La gente está esperando la llegada de una especie de salvación».
A José Joaquín Brunner, doctor en sociología, le llama la atención que su liderazgo que logre sostenerse sobre la base del silencio», según dijo al diario El Mercurio. «Es un hecho extraordinario, pero ciertamente el silencio de Bachelet no ha contribuido a lo que el país necesita en esta etapa, que es debatir los principales problemas que tiene por delante».
El silencio contrasta con su habilidad innata para comunicarse: Bachelet inicia conversaciones, es creíble, y buena improvisadora, como recuerda Francisco Javier Díaz, que elaboró sus discursos durante la campaña presidencial del 2005. Dijo que entre un 50% y un 60% de las palabras se apegaban al discurso escrito y el resto era improvisado: insertaba chistes, comentarios, por lo que debían transcribir el texto antes de entregarlo a la prensa.
Sus errores no fueron pocos ni menores. Once días antes de cumplir su período presidencial la oficina nacional de emergencias, a cargo del Ministerio del Interior, no emitió la alerta de tsunami para evacuar a las poblaciones costeras luego que un terremoto de magnitud 8,8 impactara el centro sur chileno y que dejó 526 personas muertas, 25 desaparecidas y un millón de damnificados.
Las marchas estudiantiles empezaron al inicio de su mandato con paros y ocupaciones de escuelas de un millón de colegiales que la obligaron a cambiar su gabinete ministerial. Bachelet desactivó el movimiento integrando a los líderes a una comisión que no derivó en cambios importantes.
Algo similar ocurrió con la puesta en marcha de un sistema de transporte para Santiago, que redujo casi a la mitad los autobuses, sin que el subterráneo aumentará su capacidad, lo que demoró los tiempos de viaje y al final incentivo el uso de los automóviles particulares.
Hacia la segunda mitad de su gobierno le tocó enfrentar la recesión global, que supo enfrentar con subsidios para los más pobres pues tenía reservas para entregar ayudas, aunque disminuyeron el crecimiento y la generación de empleos.
«La explicación más común que se ha dado (a su popularidad) son los 9 mil millones de dólares que ella gasta para enfrentar la crisis global, eso le significó una aura como que ella manejo bien la crisis», dijo el rector Benítez.