Aprendizaje y domesticación
Al reflexionar sobre el proceso educativo, concretamente sobre aspectos sobre el aprendizaje y su eficiencia se requiere, contar con una idea precisa o perfil de las fortalezas y debilidades tanto del que desea aprender, como de aquél que facilita el aprendizaje.
Asimismo, se deben tomar en cuenta las circunstancias existenciales que influyen en ese proceso pues, de esa forma, se harán más visibles los problemas y barreras que de allí surjan. Consecuentemente, se harán más factibles sus probables soluciones.
La educación es un todo integrado donde confluyen una serie de elementos para dar por resultado la transformación tanto del que es educado como el que facilita la educación. Elementos que van desde los contenidos que se enseñan, como las técnicas para hacerlo y la influencia que ejerce la cultura en ese proceso, tendrán que ser analizados para su buen desarrollo.
Se sabe que la primera instrucción que adquieren los seres humanos se da en la familia, de hecho, cada individuo es producto de la herencia y la asimilación. Una parte se hereda de los padres y la otra se asimila, se adquiere, a través del aprendizaje. Asimilación que, en primera instancia, se adquiere interactuando en sociedad y con el medio en el que se desenvuelve cada persona. George Murdock solía decir: La cultura es producto del aprendizaje y no de la herencia. Las culturas del mundo son sistemas de hábitos colectivos. Las diferencias observables entre ellas son producto acumulativo del aprendizaje masivo bajo diversas condiciones sociales y geográficas. De ahí que, saberes cotidianos son asimilados sin cuestionar su contenido, dada la autoridad de que está investido el que los impone.
Al parecer, más que educación, en los primeros años de vida se sufre una domesticación. En ella, al niño se le enseña una determinada forma de pensar, valores, costumbres y reglas de comportamiento para perpetuar la cultura. Eso es lo que se denomina, endoculturación. En esa etapa, no se le enseña a los niños, niñas y jóvenes a reflexionar por su cuenta, a aprender a aprender; por el contrario se les induce a una serie de saberes propios de la tradición ancestral, muchas veces investidos de contenidos dogmáticos, que apelan más a la emotividad, que a la razón. Así, el primer ejercicio cognitivo, donde se aprende las primeras estructuras de pensamiento, que se fijan en lo que constituye el carácter, representa uno de los aspectos esenciales de todo aprendizaje. Se debe tener en cuenta que el carácter se forma esencialmente por las experiencias de la persona y, en especial, por las de su infancia y es modificable hasta cierto punto por el conocimiento de uno mismo y por nuevas experiencias, según Erich Fromm. Durante el aprendizaje inicial, hábitos que se adquieren de los padres, se asimilan para poder relacionarse con otras personas, ello es lo que se denomina, socialización. De tal forma, se aprende a cómo interactuar con otras personas, a partir de modelos establecidos, que los padres y círculo inmediato han recibido, a su vez de los suyos. Eso es lo que constituyen las micro-culturas. Estas, son esquemas de comportamiento que parten de la peculiaridad familiar, extendida en grupos mayores donde se ven involucradas concepciones religiosas, tradiciones, costumbres, esquemas de pensamiento que se ubican dentro de lo que se denomina juicios de opinión o la idiosincrasia de los pueblos. Todos estos elementos o cosmovisiones sobre la realidad, constituyen los rasgos culturales de cada pueblo.
Lo difícil que es cuestionar las creencias
Los patrones culturales quedan grabados en el sujeto, a lo largo de los primeros años de su vida y son difíciles de modificar. Dado que, más que pensamientos reflexivos, constituyen reglas a seguir. Por otra parte, dentro de los patrones culturales, se esconden relaciones de poder. En las cuales, los sectores dominantes imponen sus criterios sobre las conductas a seguir. Así, todos los juicios de valor se basan en normas que en última instancia fueron impuestas por las estructuras de poder que, además las confirmaron, Charles Taylor en su libro “El multiculturalismo y la política del reconocimiento”.
Ello significa que la parte biológica, lo que se hereda de los padres, que caracteriza a cada individuo, se complementa con lo aprendido dentro del núcleo familiar. Con la finalidad de que se perpetúen los valores familiares, que a su vez corresponden a una determinada cultura. Así, se instalan en el inconsciente, a partir de la repetición a la que se ven sometidos, dentro del seno familiar, la serie de valores y patrones de conducta. Esto, si bien es necesario para el desarrollo y bienestar de la cultura, en ocasiones perpetúa valores que van en detrimento de la dignidad de las personas y riñen con esquemas develados por la razón, por la ciencia. Con ello, se sitúa en el intelecto, formas de pensar que puedan estar equivocadas, pretendiendo a su vez, que tengan validez universal. Quizás esas formas de interpretar la realidad, sean funcionales para los miembros de determinadas culturas y ventajosas para aquellos que ejercen el poder. Consecuentemente, son adoptadas como normas de comportamiento general de determinada comunidad.
Creencias dogmáticas e inflexibles determinan grupos cerrados, en los cuales las opiniones que de allí se generen, son verdades incuestionables, impidiendo la posibilidad del diálogo. Se cree que lo aprendido dentro del seno familiar es la realidad y lo nuevo, lo que no está de conformidad con lo que se ha enseñado y aprendido a partir de esa socialización, no es fácilmente aceptado, mucho menos asimilado para ese acervo cultural.
Por ejemplo es muy común en algunas sociedades y grupos culturales el rapto de mujeres con fines matrimoniales. En Kirguistán y Uzbekistán el, llamado Ala kachuu, que constituye el rapto de la novia, es una práctica cultural en el que las mujeres, luego de cumplir 16 años, pueden ser secuestradas por algún pretendiente. Llegada esa edad, las mujeres, temen salir de sus casas dado que pueden ser raptadas. En tales prácticas se confabulan los miembros de la familia del secuestrador, e incluso sus amigos para concretar su cometido. Sin duda es una práctica patriarcal, que vulnera el derecho elemental de las mujeres a autodeterminarse.
Sin embargo, la tradición cultural de esos países, ancestralmente pasa de generación en generación el valor de esa práctica, con fines conyugales. Estas culturas rechazan otras formas de consolidar un matrimonio, para ellos, esa es su verdad. Con ello, se rechaza lo nuevo, lo que la ciencia, el conocimiento develan como criterio de verdad y sobre todo, los derechos fundamentales de todo ser humano. Se rechaza todo eso como lo correcto, lo más certero pues, para ellos les es ajeno a la forma de ser del grupo social, a su identidad, a las creencias fuertemente arraigadas por los patrones culturales asimilados durante muchos años. En consecuencia, esa actitud se convierte en barrera para nuevas experiencias, para el deseo de aprender y de adquirir nuevos conocimientos.
El conocimiento y la realidad
El conocimiento no debe construirse, al margen de lo que la realidad es. Es preciso construir a partir del referente existencial, a partir de criterios establecidos por la ciencia, de juicios universalmente válidos. De ahí que la realidad debería ser el objeto de estudio a seguir, dentro de todo proceso educativo, realidad que incluye a los seres humanos que interactúan entre sí y con ésta. Lo real, que al entrar en contacto con la humanidad, constituye su circunstancia. Es decir, el horizonte donde se desenvuelven. Sin embargo, el relativismo del Constructivismo, se aleja de ese referente, señalando que cada grupo social construye su realidad, dependiendo de su circunstancia. Pero el constructivismo-relativismo, en filosofía, sociología e historia de la ciencia, doctrina que niega la posibilidad de hallar verdades objetivas, e imagina trampas políticas tras los teoremas más inocentes, desanima la búsqueda de la verdad, lo que a su vez empobrece a la cultura. Sin duda la crítica de Mario Bunge va dirigida al constructivismo radical que se aleja de la objetividad de las cosas y del criterio de verdad utilizado por la ciencia. Y al hablar de verdad, no se hace referencia al viejo criterio de verdad absoluto, sino aquel que continuamente se está complementando, en función del conocimiento y reconocimiento que ejercen los seres humanos sobre los objetos.
No se puede negar que la ciencia es la herramienta que ha utilizado la humanidad para pasar de lo desconocido a lo conocido y a su vez, le ha servido para situarse en el lugar que ocupa actualmente dentro del proceso de desarrollo. Con esto no niega la importancia que, en el proceso de enseñanza aprendizaje, tanto el docente como los estudiantes, construyan nuevos conocimientos a partir de la libertad opinión y de experimentación de cada uno de estos. Construir, pero con base en lo real, en lo objetivo. En lo que es común para todos y constituye el inicio de todo proceso de conocimiento. La verdad no es el consenso. Puede haber verdad sin consenso, y consenso sin verdad. La realidad con frecuencia dice no y desbarata nuestros planes y consensos. La naturaleza constantemente nos sorprende y nos golpea. Obviamente no es una construcción social. En el juego de la ciencia no sólo son los científicos los llamados a jugar. También la naturaleza o la realidad misma está invitada al juego, y es ella la que tiene las últimas cartas, dijo Bunge en un discurso de investidura.
Si, la verdad se construye a partir de experiencias humanas, en su afán de aprender lo que es la realidad. Y es que como dijo Pascal: El Universo con toda su grandeza, no sabe nada de su grandeza. En consecuencia, son los seres humanos los que a partir de su conocimiento, pueden dar cuenta de ello. Pero estas reflexiones, se originan con base a la realidad no, según criterios particulares de cada cultura.