Primeros cristianos y nuevo testamento


Luis_Enrique_Prez_nueva

Durante los primeros tres siglos de cristianismo, las creencias entre quienes se declaraban cristianos discrepaban profundamente. Algunos creían, por ejemplo, que había un Dios único, creador del mundo e inspirador del Antiguo Testamento; que Jesús era completamente divino, y que su muerte había salvado al mundo. Empero, otros creían que había dos dioses, y hasta treinta; que el mundo había sido creado por una divinidad malevolente, ansiosa de provocar sufrimiento humano; que el Antiguo Testamento no había sido inspirado por Dios; que Jesús era un ser meramente humano, convertido en hijo adoptivo de Dios, y que su muerte no había salvado al mundo, porque realmente nunca había muerto.

Luis Enrique Pérez


Dos hechos conexos contribuyen a explicar esa discrepancia. El primero es que los 27 documentos que  constituyen el Nuevo Testamento, escritos cuando ya habían transcurrido por lo menos seis décadas de la Era Cristiana, no eran los únicos que, sobre Jesús, leían los cristianos de los tres primeros siglos de cristianismo. También leían, por ejemplo, documentos que contenían el evangelio según el apóstol Pedro, o según el apóstol Felipe, o según María Magdalena, o según Tomás, hermano de Jesús; o leían documentos que relataban  los hechos del apóstol Pedro y del apóstol Juan, y los hechos de una compañera de Pablo de Tarso, llamada Thecla; o leían documentos que contenían  un apocalipsis del apóstol Pedro, y una tercera carta presunta que Pablo de Tarso le había enviado a los corintios.
     El segundo hecho que contribuye a explicar la discrepancia entre los primeros cristianos es que durante casi trescientos años de la Era Cristiana, los 27 documentos que constituyen el Nuevo Testamento no integraban un único, supremo, reconocido e indiscutible cuerpo bíblico oficial. Es decir, no había una norma sobre aquello que los cristianos debían creer o no creer. Los 27 documentos fueron seleccionados por teólogos denominados “proto-ortodoxos”. Uno de ellos fue Serapión de Thumis, arzobispo de Antioquía,  ciudad de Siria.
     El obispo Eusebio de Cesárea, llamado “padre de la historia eclesiástica”, que vivió entre los años 260 y 341, en su descomunal obra denominada “Historia de la Iglesia”, relata que Serapión prohibió el uso del evangelio según el apóstol Pedro, porque  tal evangelio afirmaba que Jesús había sido completamente divino, y por consiguiente no podía haber sufrido, ni podía haber muerto; pero los teólogos proto-ortodoxos afirmaban que Jesús debía haber tenido atributos humanos, porque si no los hubiera tenido, su sacrificio salvífico hubiera sido una decepcionante ficción.
     Los 27 documentos constituyeron un canon bíblico del cristianismo, y fueron denominados “libros canónicos”. La palabra “canon” se origina de una palabra griega, uno de cuyos significados es “vara de medir”. Los otros documentos fueron denominados “libros no canónicos”, los cuales, como afirma Bart D. Ehrman (autor de “Lost Christianities”, o “Cristianismos perdidos”), fueron “rechazados, atacados, suprimidos y destruidos.” Los libros canónicos posibilitaron una poderosa unidad del credo cristiano. Sin esa unidad quizá el cristianismo no hubiera llegado a ser una de las religiones más profesadas del mundo.
     Post scriptum. El evangelio según San Marcos, probablemente escrito entre los años 65 y 70 de la Era Cristiana, es el más antiguo de los cuatro evangelios. Los evangelios según San Mateo y San Lucas probablemente fueron escritos entre los años 80 y 85. El evangelio según San Juan fue probablemente escrito entre los años 90 y 95.