El Cardenal argentino Bergoglio es electo Papa y las personas reunidas en la Plaza de San Pedro gritan «¡Larga vida al Papa!», muchas con lágrimas en los ojos.


Hay al menos 50 mil personas en la plaza. La multitud enardeció cuando las bandas militares de música de Italia y el Vaticano marcharon por la plaza y subieron por la escalinata de la basílica, seguidos por guardias suizos ataviados con uniformes de gala y cascos plateados.
Interpretaron la introducción a los himnos vaticano e italiano y la multitud los acompañó.
EN TWITTER
La cuenta del papa en Twitter, cuyo perfil fue cambiado para mostrar el mensaje «Sede Vacante» cuando renunció Benedicto XVI, ha cambiado ahora a «Pontifex». El nuevo pontífice podrá utilizar este perfil creado en 2012 si así lo desea.
VESTIMENTA, LISTA
La vestimenta papal estaba lista antes que él. La sastrería de la familia Gammarelli, que ha vestido a papas durante siglos, tenía tres juegos de ropajes, en tallas chica, mediana y grande, listos para el nombramiento del nuevo pontífice.
La indumentaria papal estaba en exhibición en una pequeña tienda con paredes de madera a la sombra del Panteón, adonde se mudó la familia en 1850. La sotana se entregó al Vaticano y se dejó en una habitación junto a la Capilla Sixtina, lista para que el nuevo papa se la pusiera.
La ropa preparada no siempre se ha ajustado a las medidas requeridas. En 1958, Juan XXIII apareció en el balcón con alfileres para sujetar el reverso de su sotana.
EN LA PLAZA
Una multitud de fieles se encuentra en la Plaza de San Pedro, lista para recibir al nuevo papa cuando aparezca en el Balcón de las Bendiciones. La plaza es un mar de paraguas, banderas y cánticos.
Los elementos de seguridad del Vaticano, llamados gendarmes, vigilan a los que están dentro de la plaza, mientras que la policía italiana controla a la multitud afuera de las fronteras de la Santa Sede.
Los oficiales de ambos cuerpos policiales incluyen agentes vestidos como turistas que vigilan en busca de actitudes sospechosas.
Se instaló un hospital bajo una carpa cerca del Vaticano antes del inicio del cónclave.
Ha habido algunas pruebas para el control de multitudes. La audiencia pública de Benedicto XVI atrajo 150.000 personas, una cantidad que rebasó la capacidad de la plaza.