El micrófono y el papel aguantan con todo


Oscar-Clemente-Marroquin

Se habla mucho de nuestra democracia, sistema avalado por la realización de elecciones incuestionadas desde 1985 hasta nuestros días, pero nunca reparamos en la falta de cumplimiento de los ofrecimientos de campaña, lo que constituye una clara evidencia de que carecemos de un adecuado régimen de rendición de cuentas sin el cual el sistema político se traduce en un remedo democrático, porque las elecciones lejos de producir un mandato claro que obliga a las autoridades en las que el pueblo delega su poder soberano, lo que generan es un cheque en blanco para que quienes llegan al poder hagan micos y pericos a su sabor y antojo durante la duración del período constitucional.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Hoy publicamos un reportaje sobre lo que el entonces candidato presidencial Otto Pérez Molina dijo sobre la deuda pública y sus críticas a la irresponsabilidad de Álvaro Colom al elevar los niveles de deuda a rangos considerados peligrosos. Sin embargo, una vez en el gobierno hemos visto que el ritmo de crecimiento de la deuda se mantiene porque el gobierno sigue utilizando ese instrumento financiero para cubrir el déficit producido por un presupuesto en el que no hay equilibrio entre ingresos y egresos pero, sobre todo, no existe la menor preocupación por establecer parámetros sanos de la calidad del gasto.
 
 Lo mismo se puede decir del gobierno anterior, porque Colom Caballeros como candidato fue duro crítico de los fideicomisos como instrumento para administrar el gasto público y señaló la corrupción que permitía la utilización de ese mecanismo del derecho privado cuando se utiliza para encubrir el uso de los dineros del Estado provenientes del pago de impuestos de los contribuyentes. Sin embargo, una vez en el gobierno no sólo los siguió utilizando sino que incrementó la práctica y tanto él como su primer ministro de Finanzas, Fuentes Knight, los defendieron a capa y espada.
 
 En general lo que pasa es que nuestros políticos no tienen sentido ni noción de la rendición de cuentas y ello es posible porque tampoco tenemos mecanismos para exigir el cumplimiento del mandato derivado de las urnas. Los medios de comunicación en algunos casos hacemos esfuerzos por dejar constancia histórica de los planteamientos de los candidatos, como hemos hecho nosotros en las últimas elecciones ofreciendo espacios gratuitos para que los políticos aborden detalladamente algunos puntos que consideramos importantes dentro de un plan de gobierno, pero en general la misma población a la hora de votar lo hace más bajo la influencia de la pura propaganda que convencida de que se hizo una propuesta seria, concreta y viable para resolver la problemática del país.
 
 Y el resultado es que se facilita esa especie de secuestro que se hace del poder en nombre de elecciones libres que dan el maquillaje de democracia a un sistema que cada vez más se confirma como una gran pistocracia en la que quien verdaderamente manda es el que pone dinero para que se haga campaña política.
 
 Esa realidad se ha vuelto incontestable en los últimos años porque el único mandato real para los políticos se origina en el momento en que reciben un generoso aporte de campaña que los obliga a trabajar por y para devolver el favor. Todo el aparato del Estado se pone al servicio de los financistas que así pueden recuperar su inversión sin mucho esfuerzo y ello ha permitido la profunda y absoluta corrupción de todo el sector público.
 
 Mientras los ciudadanos no seamos un poco más exigentes, mientras no demandemos claridad y compromiso sobre temas tan concretos como puede ser el manejo de la deuda pública, estaremos condenados a que nos vean siempre la cara de babosos con promesas y ofertas inútiles, lanzadas al viento sólo porque los micrófonos y el papel aguantan con todo.