Hace algunos meses publicamos, en esta columna, un artículo sobre los admirables músicos de la Sinfónica Nacional que viven a tres menos cuartío. Y hace algunos días, el propio ministro de Cultura, Carlos Batzín, emitió declaraciones en relación a que el Ministerio que le fue encomendado no tiene nada en sus arcas para reparar los daños a las milenarias ruinas de Tikal, que han sido dañadas con el tiempo y por los purrunes organizados para celebrar el 13 Baktún.
Paradójico y surrealista si comparamos lo anterior con el pistal que maneja el muy autónomo Viceministerio de la Recreación, cuya titular venía acarreando una pobrísima ejecución de solamente 53 millones de quetzales al mes de noviembre, pero que se gastó tan sólo en diciembre Q70 millones; ¡es decir mucho más que en todo el año!…
Y lo peor del caso es que dicho gasto no fue en proyectos de arrastre de inversiones físicas o canchas polideportivas, que son la especialidad de dicho ente, sino un gasto en pelotas y uniformes que se reparten por doquier a políticos busca votos.
Esas son tan sólo algunas de las revelaciones de una aburrida y mal llevada interpelación de los diputados de la oposición, quienes muy bien pudieran haber empleado tan sólo uno o dos días para demostrar los vericuetos que necesariamente tienen que estar presentes, cuando ente alguno se desespera en el gasto, sin seguir los procedimientos éticos y normales del control público.
Pero nuestro tema no está en escudriñar en los entuertos de ese malgasto, que seguramente más temprano que tarde será revelado por los órganos del control gubernamental o entes de justicia, tal y como poco a poco les viene sucediendo a los alcaldes quienes también gozan de otra gran tajada de los denominados “aportes constitucionales”.
Nuestro interés es comentar lo ridículo de la distribución del gasto en un país pobre, necesitado de todo, y con un patrimonio cultural envidiable, que ya lo quisieran los nicaragüenses o los panameños cuyas economías vienen creciendo, dicen los expertos, a un ritmo fuera de lo normal.
Y por si ello fuera poco, nos hemos enterado también del enquistamiento de intereses nada sanos en la administración del majestuoso parque Tikal, que constituye nuestra insignia a nivel del turismo internacional. ¿Cuál será la razón para que estas ridiculeces y este surrealismo se reproduzcan en estas tierras tropicales?
Sencillamente, ello deviene de las pésimas y poco estudiadas asignaciones constitucionales, producto de una Constitución que fue magnánima con muchos, y cuyos integrantes ignoraron no sólo las prioridades de país, sino por ir al ritmo de la “democracia”, se prodigaron con diversos sectores, como el del deporte y la recreación, que paulatinamente ha ido creando verdaderos zares, desde el olimpismo y el deporte federado hasta la recreación, pasando por supuesto por la educación física.
Y mientras ello sucede, nuestros músicos tocarán casi en la calle, y nuestro gran templo de Tikal se irá derrumbando lentamente, esperando a que venga una filantrópica entidad internacional, como en su tiempo lo fue la Universidad de Pennsylvania que contribuyó grandemente a la restauración del magno templo.
Nuestra lógica de gasto y de prioridades es así, ridícula y grotesca: llenémonos de pelotas y uniformes, malgastemos, pero para otras prioridades que resaltan a ojo de buen cubero! Acudamos a la caridad nacional o internacional.