“El comportamiento, es el espejo en el que cada uno muestra su imagen” Goethe
El tema de las amenazas es recurrente en nuestro país, y cuando no lo es, significa la muerte, por lo que estas son una prevención de lo no quieren que hagamos, antes de matarnos, en mi caso gracias al licenciado Oscar Clemente Marroquín, por quien tengo una gran admiración, y su hijo Pedro Pablo, he podido escribir en este prestigioso medio de comunicación.
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He cometido errores como cualquier ser humano, y he tratado de rectificarlos, pero cuando me parece que algo no está bien no tengo empacho en decirlo, por lo que me considero un ser privilegiado, esta misma actitud me ha acarreado más de un problema, pero le he restado importancia. Sin embargo, existen situaciones límite, quiero hacer público que desde principios de febrero recibí amenazas intimidatorias, dos días antes de la muerte de Lea De león, quien me auxilió en el caso de secuestro del que a pesar de lo que muchos piensen fui víctima, me preocupé, pero en ese aspecto y después del linchamiento mediático del que fui víctima decidí mantener un perfil bajo, mi sorpresa fue enterarme que la Comisión Presidencial Coordinadora de la Política del Ejecutivo en Materia de Derechos Humanos solicitó ante la CIDH, levantar y archivar las medidas precautorias que después de mi secuestro me fueron otorgadas, con argumentos infantiles y falaces totalmente, la semana pasada recibí la última amenaza, por lo que naturalmente ya puse la denuncia respectiva.
Por si todo lo anterior fuera poco el 6 de junio de 2010 encontraron 4 cabezas, y una de las 4 fue encontrada cerca de la casa donde vivo, publicando en ese momento, el periódico Siglo XXI, el mapa solamente de la ubicación de la encontrada cerca de donde vivo.
No quería hacer pública esta situación porque bastantes problemas tiene el país, para trasladar los personales a la población, pero sí considero importante que si un gobierno nos ofrece como principal política de Estado la Seguridad, a lo menos que tenemos derecho los ciudadanos es precisamente a gozar de esa seguridad, por lo que es muy sintomático a mi parecer, que antes de la muerte de quien no solamente me auxilio profesionalmente, sino que me prestó asesoría en el Amparo que como tercera interesada está gestionando el juez Eduardo Cojulún, a quien la CICIG ha condenado (porque eso ha hecho) como uno de los jueces más corruptos del país, y el único caso por el que se le persigue es por el mío, si señores; es solamente por mi caso, su delito: no obedecer a la sacrosanta CICIG, y no emitir las resoluciones que tanto el fatídico Castresana como César Rincón le exigieron en su momento que emitiera, hoy viene Dall’Anese, haciendo eco a sus antecesores, lo acusa simplemente porque no archiv— mi caso, solamente lo clausuró provisionalmente. Si esto no es preocupante para un ser humano no sé qué lo sea, y perdón por trasladárselos.