Maduro inscribe su candidatura


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En una vasta ceremonia cuidadosamente planificada, el presidente encargado Nicolás Maduro inscribió hoy su candidatura a los comicios generales del 14 de abril y en los que se escogerá al sucesor de Hugo Chávez.

Por FABIOLA SANCHEZ y E. EDUARDO CASTILLO
CARACAS Agencia AP

Maduro, de 50 años, se inscribió ante las autoridades del Consejo Nacional Electoral en el centro de la ciudad ante miles de simpatizantes convocados por el oficialismo en una ceremonia planeada y con la asistencia de altos funcionarios de gobierno, algunos enfundados en camisetas rojas en las que se podía leer «Yo voto por Maduro».

«No soy Chávez, pero soy su hijo y todos juntos, el pueblo, somos Chávez», dijo Maduro en una breve declaración tras firmar su registro.

Antes de partir a Cuba en diciembre para operarse nuevamente del cáncer que lo aquejaba desde 2011, Chávez dijo que si a él le ocurría algo debía llamarse a elecciones como contempla la Constitución y pidió a sus seguidores votar por Maduro.

«Aquí vengo hoy pidiéndole a Dios su bendición y protección, pidiendo a nuestro padre libertador todas sus luces y pidiendo a nuestro padre redentor de esta tierra bolivariana comandante Hugo Chávez que me dé fuerzas, que me dé sabiduría y que me permita cumplir plenamente la orden que nos instruyó», agregó Maduro.

El comando de campaña del opositor Henrique Capriles indicó que estaba reunido considerando si el candidato iba personalmente al Consejo o lo inscribirían sus abogados.

Capriles, de 40 años, dijo la víspera que se inscribiría el lunes por la tarde. El período de inscripción culmina a las 1830GMT.

El presidente encargado, enfundado en una chaqueta amarrilla, azul y roja como la bandera de Venezuela, llegó al Consejo conduciendo él mismo un pequeño autobús blanco y fue recibido por varios de los miembros del gobierno y otros poderes como Diosdado Cabello, titular de la Asamblea Nacional.

Desde que fue juramentado como presidente encargado y en vista de su postulación a las elecciones, Maduro ha enfatizado su origen humilde, que fue sindicalista del sistema del metro de Caracas y era conductor de autobuses.

Sus constantes referencias a ese pasado, las contrasta con el «señorito de apellidos» »fascista» y «oligarca», con los que define a Capriles, un abogado de clase media alta.

«Maduro, hijo del pueblo, obrero de esta patria… estamos dispuestos a empuñar las armas para defender» a la patria, dijo el presidente encargado hablando sobre sí mismo.

La campaña se ha centrado casi por completo en la figura del Chávez, fallecido el 5 de marzo a los 58 años.

Capriles ha criticado lo que llama el uso de la figura y el duelo por Chávez.

En la jornada, tras el registro de la candidatura de Maduro, sonó ante la multitud una grabación del himno nacional que muchas veces el propio Chávez entonaba a viva voz. La grabación generó lágrimas y gritos entre los miles de simpatizantes que acudieron a acompañar a Maduro a su inscripción y que habían sido convocados desde la víspera.

En las cercanías a la plaza frente y detrás del Consejo Nacional ya se podían observar afiches con el rostro de Chávez y una inscripción en la que se lee «Maduro desde mi corazón» con la firma de Chávez.

La constante referencia al fallecido mandatario y los gestos hacia sus restos incluso han llegado a que Maduro anunciara anoche que la oficina de Chávez en el Palacio de Miraflores, la sede de gobierno en el centro de la ciudad, será dejada tal como la dejó antes de partir el jefe de Estado y será convertida en un museo.

El mayor general Wilmer Barrientos, jefe del comando estratégico de la fuerza armada, dijo a la televisora oficial que el denominado Plan República o la seguridad que brindan los uniformados a los comicios estará desplegada el 11 de abril.

Barrientos dijo además que «no han afectado el espíritu» las declaraciones formuladas por Capriles el domingo y en las que se quejó de la parcialidad de los jefes militares e incluso que el ministro de defensa, almirante en jefe Diego Molero, era «una vergüenza». Molero ha dicho que van a garantizar la continuidad de «la revolución», como llamaba Chávez a su gobierno.