Los franceses mostrarán mañana en la segunda vuelta de las elecciones legislativas hasta qué punto están dispuestos a dar carta blanca al presidente, Nicolas Sarkozy, cuya formación, la conservadora UMP, podría arrasar en todo el país y barrer a su paso la oposición socialista.
La Unión por un Movimiento Popular (UMP), que da por descontado su triunfo tras obtener en la primera vuelta del 10 de junio un 39,5% de los sufragios, un 15% más que el Partido Socialista (PS), aspira a obtener una mayoría aplastante en la Cámara de Diputados para gobernar sin que nadie le haga sombra en los próximos cinco años.
Sobre el total de 577 escaños que componen la Asamblea Nacional, quedan por atribuir 467, en las circunscripciones donde ninguno de los candidatos se impuso por mayoría absoluta en la primera vuelta.
Entre quienes ya lograron directamente un escaño, 109 pertenecen a la UMP y sus aliados y tan sólo uno a los socialistas, un escenario que deja entrever el huracán conservador que se avecina el domingo, cuando están llamados a votar 35 millones de franceses.
Con una débil oposición, el gobierno, que ya ostentaba la mayoría en la Asamblea Nacional saliente con 359 diputados, tendría vía libre para aplicar el programa de reformas prometido por Sarkozy, elegido el 6 de mayo, que incluye un endurecimiento de la política sobre la inmigración, más severidad contra los delincuentes reincidentes y un costoso plan para sacar a flote la economía nacional.
Pese a las previsiones favorables, la UMP, encabezada por el primer ministro, Franí§ois Fillon, pidió hasta el último momento el voto de los decepcionados del centro y de la izquierda, prometiendo que su gobierno estará abierto a todas las tendencias políticas.
Por su parte, los socialistas, que podrían perder decenas de escaños respecto a los 149 que ocupaban en la Asamblea saliente, se contentarían con salvar el honor y recabar un apoyo suficiente que les permita ejercer una oposición real.
Divididos internamente y golpeados por una serie de fracasos electorales, en particular por la derrota de su candidata Ségolí¨ne Royal frente a Sarkozy en las presidenciales, los socialistas saben que su verdadera batalla empezará después del domingo.
Sus dirigentes deberán entonces aunar fuerzas para recomponer el partido y elegir a un sustituto del primer secretario, Franí§ois Hollande, que dejará su cargo en 2008.
En muchos casos, los aspirantes a diputados de la UMP y del PS librarán un duelo cara a cara el domingo –en la que bastará una mayoría simple para ganar–, lo que confirma el bipartidismo que se consolida en Francia.
El sistema electoral francés prevé que únicamente accedan a la ronda final los candidatos que cosechen en la primera vuelta más del 12,5% de los votos del total de inscritos y esto explica en gran medida por qué apenas hay aspirantes del resto de partidos.
La alta abstención registrada en la primera vuelta, un 40%, también jugó en contra de las pequeñas formaciones, que prácticamente no tendrán ni voz ni voto en la próxima Asamblea Nacional.
El Movimiento Demócrata (MoDem) del líder centrista Franí§ois Bayrou, tercero en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 22 de abril con casi siete millones de votos, no podrá siquiera formar un grupo parlamentario propio, para el que son necesarios un mínimo de 20 diputados.
El Frente Nacional (extrema derecha) sólo tiene a uno de sus miembros en la segunda vuelta de las legislativas, Marine Le Pen, hija del líder de la formación, Jean Marie Le Pen, cuarto candidato más votado en las presidenciales.
También los comunistas se encuentran en horas bajas, ya que difícilmente lograrán conservar su grupo parlamentario.
Los franceses de los territorios de ultramar serán los primeros en votar el sábado en estos comicios que cerrarán el ciclo electoral iniciado con la primera vuelta de las presidenciales, que marcaron el fin de 12 años en el poder del presidente conservador Jacques Chirac.
La ley electoral prohíbe a la prensa francesa la difusión de sondeos desde el viernes a medianoche hasta el domingo al cierre de los colegios electorales.