Los sicaritos (as)


hector-luna

Antes, antes, los asesinatos nos sorprendían; eran noticias de primera plana y de pregoneros de la radio y la TV. Se comentaban asustados y temerosos. Pero gracias a Dios y a nuestros presidentes y funcionarios dirigentes del Estado, ya eso pasó, ahora ni coco se les pone. De titulares en los medios pasaron a páginas interiores y las columnas bajaron y en la TV no están en las noticias de apertura de la emisión y en las radios son rellenos, como antes era el humo negro que arrojaban las camionetas.

Héctor Luna Troccoli


Claro, todo dependía de la víctima, pues si era conocida por su riqueza, o méritos sobresalientes si adquirían notoriedad y la atención de la gente. Casi siempre se capturaba a los asesinos, hombres maduros y predispuestos al crimen.

En tiempos de Ubico si mal no recuerdo, fusilaron por primera vez a una mujer por matar a un hombre. Ahora, la Constitución lo prohíbe porque vulnera al sexo débil. Casos de menores que intencionalmente matan a alguien y mucho menos por órdenes de un “jefe”, con o sin paga, lo empezamos a vivir hace pocos años. Un modelo reciente es el de un inocente “niño” de 10 años que mató a un piloto que trabajaba para llevar plata a su casa para que comieran sus hijos. Ni uno ni otro se conocían, el “niño” era miembro de una clica y para mostrar ante sus “cuaces” su valentía y que merecía estar con ellos, de varios disparos dio muerte al chofer, después se metió a otra camioneta y se perdió en los callejones de la colonia Belén, un poco antes que él, dos niñas adolescentes en una moto mataron también a otro chofer. Y así ha seguido la cosa.

Los mareros, los del crimen organizado, los narcos, las autoridades, los jueces, los abogados y algunos ciudadanos saben que la Constitución declara inimputables a los menores de edad, esto es que no pueden ser juzgados penalmente por la comisión de un delito, como nosotros los que ya pasamos los 18 años.

La inimputabilidad primero fue aplicada única y exclusivamente a quienes tenían problemas o discapacidad mental, y no podían discernir entre el bien y el mal; después se aplicó también a aquellos que estuvieren bajo efectos de drogas (en muchos países, no en Guatemala) y finalmente aquí, se indicó que los menores de 18 años eran inimputables y se juzgan con una ley que protege al menor, aunque el que mataron siga muerto y el patojo, más vivo para el crimen que antes.

A raíz de los crímenes cometidos por menores, los SESUDOS diputados, expertos, analistas, todólogos, etcétera, han planteado soluciones al asunto y por puro milagro no han copiado lo que hacen en los Estados Unidos en varios Estados, en donde el juez, dada la magnitud del crimen decide, si el patojo, debe ser juzgado como adulto, muchas veces sin previamente hacerles algún tipo de estudio psicológico y sociológico.

Considero que en estos casos, después de hacer un estudio psicológico y sociológico, imparcial, objetivo y quizás con un juez rígido y justo, se defina que si es menor pasará en una correccional los años que le queden para cumplir la mayoría de edad y que el día de su santo sea trasladado a Pavón para cumplir la condena como adulto ordenándose nuevos exámenes y una audiencia para aplicarle la sentencia de adulto… Ambas resoluciones estarían contenidas en la sentencia inicial. Claro, eso se podría si los Derechos Humanos del criminal no son vulnerados y lo que diga nuestro amo jurídico, la Corte de Constitucionalidad.

NOTA. De Hugo Chávez no escribo nada porque ya todo fue dicho por los que lo querían y los que les caía remal. Después analizaré como queda la economía venezolana tras “donar” entre 9 mil y 13 mil millones de dólares a sus cuates del exterior gracias al petróleo y al gas. Eso es lo interesante.